CLUB AIKIDO CIUDAD DE MEDELLÍN
FUDOSHIN AIKIDO DOJO:
Aikido, Aikitaiso y defensa personal en Medellín. Coliseo de Combate, Estadio y Coliseo Ditaires "El Cubo" Itagüí. Entrenador personal en casa.
Cuenta que un
gran maestro samurái se encontraba en la plaza de su pueblo cuando un ronín que
pasaba por allí quiso provocarlo con insultos, a los cuales el maestro paso
indiferente. Uno de sus discípulos indignado recriminó a su maestro por no
responder a la ofensa, a lo que este le preguntó
-- cuando le
das un regalo a alguien y no te lo recibe ¿quién se queda con el regalo?
El discípulo contestó: -- pues yo me quedo con
él
Igual pasa
con los insultos --replico el maestro.
Antes de discutir sobre técnicas de defensa debemos recalcar
sobre la necesidad de tener una postura y una actitud correctas y asertivas con
respecto a nosotros mismos y a los demás, reconocer que las palabras no hacen
daño, por lo menos en un contexto de discusión acalorada o de provocación
diferente a lo que puede ocurrir con los chismes que transcurren a espaldas
nuestra. Y en ese sentido debemos entender las circunstancias que ameritan
entrar en la ejecución de una defensa o simplemente ignorar las palabras
ofensivas como hace el gran maestro de la historia arriba relatada.
Las palabras solo pueden ser ofensivas en tanto le
concedamos importancia y sentido a esas palabras, de lo contrario solo son ruido,
sin embargo, cuando tenemos en nuestro entorno laboral o cualesquier otro una
persona que nos fastidia o acosa con sus necias palabras es necesario actuar de
alguna manera para paliar tal situación, sobre todo no podemos dejar contagiar
de su estado de ánimo, pues es ahí que la situación se vuelve tensa. Es importante
reconocer nuestro alcance y capacidad y considerar que no siempre hemos de
tener una respuesta justa e ingeniosa a una agresión verbal, sobre todo saber
desestimar cualquier ofensa con la idea que esta no merece una respuesta ingeniosa,
sino todo lo contrario, después de todo, los ataques verbales suelen ser
vulgares, descorteces y falto de inteligencia que no merecen nuestra atención.
La respuesta que se le debe dar a una agresión verbal ha de
depender de la situación y el contexto que se presenta, de nuestra capacidad de
empatía entre otras. La situación puede ser que se presente en un momento de
negociación, una presentación de un proyecto o simplemente en un momento
cotidiano de trabajo u otro motivo. En cuanto la empatía consiste en comprender
a su adversario, del porqué de su comportamiento de entender si sus palabras
son intencionales o son dichas de manera ingenua por imprudencia o ignorancia
entre otras razones del contexto.
Así las primeras técnicas son de esquivación, es decir
provocar un desequilibrio al oponente tal como ocurre en el aikido, cuando el
compañero ataca intenta golpear el objetivo, o por defecto, que su golpe sea
bloqueado; en ambos caso hay un choque. También puede ocurrir que caiga en el vacío
al ser esquivado, pero en el caso del aikido, el golpe es absorbido y
redireccionado dentro del campo gravitacional del aikidoka dejando en
desequilibrio al atacante hasta provocar su caída. Igual en el ataque verbal el
agresor espera una reacción en su victima y, por supuesto, en el tono emotivo
de su provocación, de ahí que si se le da una respuesta fuera del contexto que
él espera se ha de generar un desequilibrio.
Reacciones como hacer
un gesto mudo, cambiar el tema de conversación, hacer un comentario monosilábico
o hacer un refrán inapropiado pueden ser técnicas encaminadas a este propósito.
Son respuestas que no se esperan e incluso pueden dar un toque de buen humor
permitiendo mantener nuestro buen ánimo y desbalancear a nuestro agresor. Miremos
cada una de estas técnicas:
El gesto mudo puede ser una mirada extraña, un guiño, tomar
nota o cualquier otro gesto que se nos ocurra cuando alguien dice algo para provocarnos
y con ello manipularnos al sacarnos de quicio, con el gesto buscamos
mantenernos centrados en lo que estamos haciendo e ignorar la provocación. Un punto
importante es no justificar al agresor nuestro comportamiento.
Cambiar el tema es desviar la atención que nuestro agresor
pone sobre un asunto que nos ofende para dirigirlo a cualesquier otro sin importancia.
Minimizar el tema ofensivo y centrarnos en lo que nos concierne, la propia
integridad.
Hacer un comentario monosilábico se hace ante un interlocutor
que alardea bajo una avalancha de palabras y no pretendemos seguirle el juego y
malgastar energía en discusiones inútiles, de tal manera que menos preciamos su
cantaleta con una frase corta que desestima su argumento.
Responder con un refrán inapropiado es una estrategia
directa a la confusión, es decir se hace con esa intención directamente sin
darle vueltas, es apelar a la lógica de la comunicación de que todo lo que
decimos tiene sentido, es pues un sin sentido ante el comentario insolente con el que hemos sido atacados. Un koan también podría servir para este propósito,
pues carecen de la lógica aristotélica en la que estamos inmersos.
Son estas las primeras técnicas de aikido verbal propuestas
por Bárbara Berckhan en su libro Como Defenderse de los Ataques Verbales. Mas adelante
estaremos hablando de las otras técnicas y sobre los primeros auxilios ante
estas agresiones.
Berckhan, Bárbara (2010). Como Defenderse de los Ataques
Verbales. Madrid. Grupo RBA Integral.
La
autodefensa comienza siempre con una declaración de independencia: no permito
que mi estado de ánimo dependa de los
demás
Bárbara Berckhan.
Cuando se habla de artes marciales, se viene a la cabeza
ideas como la defensa personal, el
combate, la lucha. Sin embargo, estamos en una época donde ir a los golpes
contra nuestros semejantes es la salida mas inadecuada y tonta que podamos
hacer, es decir, si alguien nos provoca con insultos o insinuaciones verbales o
incluso con gestos que nos ofende la respuesta adecuada no será el enfadarnos y
responder igualmente con palabras ofensivas contra nuestro agresor, ha de ser
una actitud diferente, ha de ser nuestra capacidad de no dejarnos arrastrar por la
actitud del otro, es la capacidad de mantener la compostura y no permitir que
nuestro estado de ánimo dependa del otro. Por eso, entrenar aikido verbal esta
orientado a desarrollar ese escudo protector que nos a de permitir mantener es
buen estado de ánimo que nos lleva a mantener el balance y equilibrio en medio
de un relación tensa que ha de llevar a que nadie salga perjudicado.
El punto clave del aikido verbal es la escucha atenta y
completa manteniendo el buen ánimo y la disposición para encontrar una salida a
la situación que se presenta. Y ¿cómo desarrollar estas habilidades si en gran
medida estas parecen ser cuestión de la personalidad y el determinismo? Pues,
realmente se puede entrenar la escucha y el buen ánimo en el control de la
respiración y con un cambio de perspectiva de nuestra acción, es decir al
centrarnos y concentrarnos en el flujo de nuestras propias emociones, de las
reacciones físicas y comportamentales
ante cualquier situación especifica. De esta manera se podrá comprender
como la respiración cambia de acuerdo a los sentimientos, del mismo modo se
puede cambiar la emoción a partir del control de la respiración: la respiración
lenta y profunda es la calma y sentimiento neutro, de tal manera que sería el
punto de partida para conservar la calma, tan necesaria en situaciones tensas. Recuerde que es normal tener
desacuerdos y es necesario darlos a conocer de forma directa y honesta sin
ofender o lastimar al compañero de disputa.
En cuanto a la escucha atenta y completa se debe tener en
cuenta las claves para tener una buena comunicación (entrada del 17 de agosto de 2010), en especial procure entender lo que dice el otro mas allá de sus
palabras con preguntas a ti mismo sobre lo que sientes y las intensiones detrás
de su declaración. A partir de ahí se puede redireccionar la discusión a un
punto de acuerdo exponiendo sus propios puntos de vista sin imposición y con
firmeza y objetividad sobre el asunto en discusión manteniendo la cortesía y respeto que
cualquier ser humano se merece.
En la próxima entrada expondremos las técnicas básicas para
ejecutar una defensa verbal recopiladas por la pedagoga y diplomática Bárbara Berckhan en su
libro “Como Defenderse de los Ataques Verbales”.
Este es un término japonés para hacer referencia al estado
de alerta y vigilancia, a la capacidad de percibir el peligro. Aunque no es tan
claro esta interpretación, pues el zanshin va un poco más allá, es también como
un “escudo protector” en tanto que le permite al artista marcial reaccionar con
eficacia ante una amenaza y, en este sentido, se debe diferenciar del estrés,
el cual es la reacción natural del organismo ante una amenaza real o imaginada
y que algunos suelen llamar “zanshin negativo” por ser vegetativo, biológico y compartido
con todos los animales, pues la supervivencia depende de la adecuada reacción
al peligro y que los seres vivos tienen de forma instintiva. La emoción del
estrés es el temor y corresponde a una respuesta de huida o lucha ante la amenaza; y que
en nuestra época parece injustificada en el mayor de los casos, pues casi
siempre corresponde a situaciones que no son reales, hasta el punto de ser
permanente, ya que al no tener claro el origen de la amenaza no se puede encontrar
una respuesta adecuada para salvar el sentimiento de temor que embarga,
ocasionando deterioro de la salud.
El zanshin como disponibilidad para reaccionar al peligro no
puede estar encubierto por el miedo al peligro, como ocurre con el estrés, es más
bien un estado de independencia en tanto que se sustrae del entorno y el
sentimiento y este no ha de depender de la situación o del otro, se ha de tomar
distancia emocional para mantener la calma. Para tal efecto, es necesario el
entrenamiento concienzudo de la respiración, puede ser por medio de la práctica
de las artes marciales, de la meditación u otros ejercicios que permitan el
dominio del ritmo respiratorio como control del flujo emocional. Se debe tener
cuidado de no confundir el control de la emoción con neutralizar el estado
emocional que provoca los acontecimientos vitales, es decir, la disponibilidad
que representa el zanshin es consecuente con la asertividad, con las respuestas
adecuadas a los ataques que se recibe, es reconocer que el peligro provoca
miedo para reconocer su surgimiento y no reaccionar de manera incontrolada
llevado por el susto, sino percibir la situación y actuar en consecuencia y de
manera objetiva.
El zanshin como escudo apunta a algo como una irradiación de
poder que los grandes maestros inspiran de tal manera que neutraliza la
agresión con su mera presencia, es algo indescriptible y a lo que todo artista
marcial debe aspirar. Tal estado solo se logra con mucho entrenamiento
orientado al conocimiento de sí mismo y al control de las técnicas de
respiración.
Por eso aconsejo que para entrenar el zanshin observen
constantemente su respiración al momento de ejecutar una técnica de aikido, de
recibirla o al realizar cualquier ejercicio, incluso a cada instante de la vida
cotidiana, darse cuenta del ritmo de la respiración al estar alegres, tristes,
enojados, asustados, en cada emoción sentida. También recrear alguna situación
en que se pudo mantener tranquilo y en calma mientras la situación circundante
era caótica, violenta o irritante, y si
cree que no ha vivido tal, imagínela, hágala suya, reconózcase en ella, siéntala, vívela, practíquela en cada
oportunidad que tenga, y sobre todo recuerde, como dice Barbara Berckhan en su
libro Aprender a Defenderse de los Ataques Verbales: “No se trata de reaccionar
siempre de forma correcta.
Es mucho más
importante que no
nos ataquemos a nosotros mismos, que convivamos en armonía
con nuestras imperfecciones”.
Cuenta
una leyenda que un alumno de Jigoro Kano, maestro creador del judo, que un día
decidió ir a la montaña a meditar y entrenar solo para mejorar su técnica.
Varios años después volvió ante su maestro y le dijo haber descubierto una
nueva técnica. Sensei Jigoro Kano, le pidió que se la enseñara haciéndole una
demostración con otro de sus alumnos. Este hizo su demostración, hasta que el
maestro se le acercó y le dijo que la intentará con él, una vez que lo hizo
quien resultó derribado fue el creador de la nueva técnica, a lo que el maestro
agrego, “aun no haz descubierto nada”.
Todo
esto para decir que una técnica es algo más que el gesto que caracteriza la
técnica misma, es decir su forma básica. Una técnica no se puede decir que se
ha aprendido hastaque el estudiante
domine los diferentes aspectos de la misma, ósea, la forma básica (kihon waza),
la forma adecuada de recibirla (ukemi), la contra técnica (kaeshi waza), la
modificación de la técnica (renraku waza) y la variación de la técnica (henka
oyo waza).
En
Aikido se puede distinguir unas 25 técnicas básicas, según cada federación
tiene su número de técnicas de estudio en sus programas. En el nuestro, la
Asociación Antioqueña de Aikido, cuenta con un número de 18 técnicas básicas,
que se aplican contra unos 11 tipos de ataques, con tres diferentes posturas.
Esa combinación hace un número muy elevado de técnicas. Pero esas variaciones
tiene que ver más con renraku waza, es decir, la técnica modificada segúnel tipo de ataque recibido. Y en cuanto al
tema que aquí se trata, el conocimiento de la técnica y su aplicación efectiva,
da cuenta de que para aprender una sola de las técnicas requiere un largo y
concienzudo camino de entrenamiento.
El
primer paso, es pues el kihon waza, la técnica básica, que consiste en conocer
el gesto adecuado que le da la característica a la misma. Hace parte de la
esta, el ukemi, la forma adecuada de recibir, de tal manera que pueda el
aikidoka salir ileso de la ejecución de la técnica. La mayoría de ukemi
consiste en caer al piso rodando, esto es la estrategia para escapar y evitar
ser golpeado, al contrario de lo que ocurre en las artes marciales
competitivas, en las cuales caer es considerado como perder. Otra forma de
ukemi, sería la contra técnica o kaeshi waza, que consiste en redirigir el
ataque del compañero para entrar el aikidoka a dominar la situación.
La
modificación de la técnica o renraku waza, consiste en realizar una técnica con
ligeras modificaciones a la técnica básica con el fin de evitar la contra
técnica o, simplemente,enriquecer las
posibilidades de su efectividad. Al igual la variación de la técnica o henka
oyo waza, que consiste en iniciar una determinada técnica pero al final
ejecutar otra que tiene el propósito de sorprender al compañero y enriquecer
las posibilidades.
Por
último he de señalar que los personajes que participan en el combate o danza
del aikido, se denominan, tori que es quien ejecuta la técnica y uke que es
quien la recibe, es decir que en intercambio de ataque y defensa estos papeles
se intercambian constantemente. De hecho toda técnica de Aikido es una contra
técnica en tanto que es una respuesta a un ataque que recibe el aikidoka, así
que es uke en ese instante y se vuelve tori al momento de responder con la
ejecución de una técnica.
Es pues
largo el camino para aprender una técnica en Aikido, pues no basta con conocer
la ejecución adecuada de una técnica, se debe explorar todas las posibilidades
con las que cuenta el aikidoka cuandose
trata de entender los principios que hacen la esencia de la misma.
Cuando
en artes marciales se habla de postura, por lo general se hace referencia a la
guardia, es decir a una postura de atención y alerta en el combate. Cada arte
marcial tiene sus guardias con ciertas características propias del fundador o
del maestro que encabeza el estilo.
Hay una
gran cantidad de guardias según el momento y necesidades que se presentan en el
combate. De tal modo que las guardias o posturas van desde la postura relajada y
natural hasta la de máxima alerta. Hay guardia adelante, atrás, de jinete entre
otras dependiendo de la forma de ubicar los pies en relación con la dirección
del cuerpo y su colocación espacial y su proyección de tal manera que el
artista marcial refleja su intención y disposición al combate que invita al
contrincante a la lucha o huida.
En aikido
se observa la postura adelante alineando las piernas una detrás de otra,
doblando la pierna de adelante y estirando la de atrás, con una guardia de
manos estiradas hacia adelante con una ubicación de ellas como si estuviera
tomando la katana entre sus manos pero sin cerrar las manos. Sin embargo, el
aspecto más importante no es la forma misma de la guardia, tal como se observa
en la mayoría de maestros en su exhibiciones de aikido, los cuales suelen
asumir una postura relajada y natural, la que podríamos deducir que es la
denominada guardia no guardia, es decir un tipo de guardia ambigua donde
aparentemente este luce descuidado sin embargo refleja una concentración y
atención a todo su entorno que es difícil pretender atacarlo. Esto nos lleva a
deducir que la postura no está centrada en la forma de la guardia sino en una actitud
que enviste todo el cuerpo y refleja una profunda concentración.
Por
supuesto la postura tiene que ver con la actitud, con atender las
recomendaciones de los maestros de mantener el peso abajo, estar completamente
relajado y proyectar el ki hacia afuera. De tal manera que el cuerpo está
firmemente anclado al piso y con la flexibilidad suficiente para responder a los
ataques en la fluidez del movimiento que exige el combate. La postura es,
entonces, algo más que la guardia, es la actitud y la disposición para hacer
frente a las adversidades sin descomponerse, es la posibilidad de ejecutar la
técnica manteniendo la compostura y los principios básicos para esta. Por eso
cuando su instructor le exija mantener la postura, obsérvese a sí mismo y
mantenga la atención sobre su propio cuerpo y sobre la ubicación de cada parte
de su cuerpo para comprender como se puede mover con total libertad, sin que
tomar a su compañero para ejecutar la técnica sea un problema para desplazarse
y desplazarlo en la realización del ejercicio, en la realización de su defensa.
Cuando se ofrecen cursos de artes
marciales siempre se alude a la defensa personal como atractivo para que le
gente se motive a practicarla. Lógicamente este ideal cae al transcurso que se
practica, pues se descubre que para lograr un buen desempeño en el arte marcial
que se practica es necesario un buen estado físico que se alcanza con una
practica casi de un deportista de alto rendimiento, lo que implica sacrificar
un poco la salud, puesto que la practica de cualquier deporte casi al 100% de
nuestra capacidad disminuye la reserva energética del cuerpo y cae rápidamente
en un estado de agotamiento. O sea que las personas que se acercan con el ideal
de aprender a defenderse pierden interés, pues es lógico que si soy fuerte,
ágil, muy hábil y astuto podría defenderse sin ningún problema así no sepa
algún arte marcial. También la idea de defensa personal está asociada con la
idea de estrategias para tomar ventajas en un combate real. Pero ninguna
estrategia marcial es realmente 100% efectiva; siempre hay una contra técnica o
truco para superarla o evitarla. El combate simulado que implica su estudio
tampoco llena las expectativas sobre la efectividad de la técnica, y no es
posible cubrir todas las posibilidades de ataques o estilos de combate
posibles, sobre todo cuando cada arte marcial tiene su propio estilo de
combate, que no se compara con el combate callejero que implica la defensa
personal. De este modo nos queda replantear que es defensa personal.
Las personas que buscan en las artes
marciales defensa personal, son por lo general personas que se consideran
débiles e indefensos ante un mundo agresivo y violento --tal vez tienen su "abusivo personal" que los violenta a diario a quien estiman, por lo que quieren
aprender a defenderse sin lastimarlo-. Se podría decir que más que
defensa personal buscan el modo de vengar la ofensa que otros le acometen,
demostrarles que son poderosos y difíciles de intimidar. Pero eso no es defensa
personal, así haya quien diga que "la mejor defensa es el ataque",
pero eso es falso, si yo ataco primero paso a ser el agresor antes que el
agredido, eso no es defensa sino agresión. También si respondo un ataque pasó a
entrar en el juego de la violencia que el otro quiere imponer, eso no es
defensa, eso es un combate, una guerra. Debemos entender la defensa como tal,
como la acción de evitar ser lastimados, de proteger mi integridad y para tal
meta no es necesario lastimar al contrincante o eliminarlo, sólo hay que
mantenerse alejado de la trayectoria de sus ataque, eludir sus golpes y tal vez
buscar una conciliación. El Aikido es el primer arte marcial que ofrece esta
alternativa de intercambio en la ejecución de su estilo de combate.
Tal vez los Aikidokas estén en desacuerdo
con mi planteamiento, puesto que el Aikido ofrece un sistema de combate
particular que no tiene punto de comparación con el combate callejero, que es
sobre el cual se aplicaría la defensa personal. Pero el Aikido ofrece dos
alternativas aplicables a la defensa: evitar ser lastimado con movimientos de
esquiva (giros y desplazamientos en zig zag) y plantea un movimiento muy
natural de acuerdo a la anatomía del cuerpo humano, o sea que para la ejecución
de la técnica no es necesario hacer posiciones o movimientos complicados como
los que realiza la gimnasia (en casos como la capoeira o el kung fu). Lo que
sugiera que a la larga, una vez comprendido los principios básicos del Aikido
es posible aplicar el Aikido a la defensa personal.
2. El kata
Otro argumento para desechar las artes
marciales como defensa personal es el asunto que estas privilegian el kata
sobre la eficacia en el combate. Pero ¿qué es el kata? Se entiende el kata como
el esquema demostrativo de un combate simulado. Normalmente se traduce como
forma, esquema, figura, gesto, pero hay que entender su sentido más profundo
porque lo se busca con la practica del kata no es sólo la belleza formal de la
técnica -de ser así, no sería un arte marcial sino una danza- sino, además la
forma mas eficaz de la misma, o sea la formalidad de la técnica marcial no es
más que la búsqueda de los principios físicos y biomecánicos que comprenden la
ejecución de la técnica, o lo que es lo mismo, se pretende lograr mayor
eficacia con el mínimo esfuerzo. Por eso la práctica de un arte marcial como
defensa personal demanda una entrega entera y constante a la práctica durante
varios años antes de pensar en la eficacia en el combate. Las artes marciales
orientadas al kata se practicaban en el Japón en tiempos de paz como método
para mantener a los guerreros en forma al tiempo que mejoraban sus estrategias
de combate, por lo que la aplicación de las técnicas no se llevaba hasta su
máxima expresión, o sea la muerte del contrincante, situación que ha llevado a
pensar a la gente que la practica del kata no es una adecuada manera de llegar
a comprender la razón de ser de las artes marciales que es superar al
contrincante. Practicar de una manera suave y cuidando al compañero es para
algunos una forma de engañar a las personas con respecto a la defensa personal,
pues el cuerpo no aprende a reaccionar con la destreza y fuerza del combate
real, y tal vez es cierto cuando se espera que las respuestas de pelea sean
casi reflejas en los guerreros. Por eso artes marciales como el Taekwondo
llevaron a la competencia el combate con contacto total apoyado con una serie
de protectores y, por supuesto, restringiendo las técnicas peligrosas,
reduciéndose a un boxeo con las piernas.
Pero a la larga creo que este argumento
desmerita el valor de la kata como estudio de mejorar y perfeccionar el estilo
de combate. Y, por supuesto, el Aikido como arte marcial no violento no
necesita restringir o disimular la realidad del combate, puesto que su práctica
no se realiza para resaltar la superioridad de uno sobre el otro o para
aniquilarlo. Por ejemplo, cuando el uke cae no es por que perdió ante el tori,
sino que es una manera de salir ileso de la técnica teniendo la
posibilidad de huir o continuar con el combate. Y, por supuesto que, si se
comprende el principio básico del Aikido: "evitar ser lesionado", una
buena caída es la mejor manera de alcanzar este objetivo, puesto que el choque
y la confrontación puede ocasionar daños a uno o al otro.
3. Ser uke.
Sin embargo, la razón de mayor envergadura
para la deserción en las artes marciales no es la frustración de no alcanzar
las metas, lo engañoso de la practica del kata con respecto al combate real o
el sacrificio que implica su practica, sino el golpe al ego cuando se es uke -y
es que ubicarse en la posición de quien pierde, es humillado o inferior a su
compañero es desagradable para cualquiera, sobre todo en una sociedad que
promueve la gloria del triunfo-.
Quien practica artes marciales desea
aprender a superar al contrincante con técnicas que muestren su superioridad en
fuerza, astucia e inteligencia, pero para aprender las estrategias de combate
debe primero recibir las técnicas; tal es el caso en el Aikido donde su estudio
supone un agresor que pierde al intentar golpear al Aikidoka, este supuesto
agresor es uke. Entonces uke tiene dos connotaciones negativas que nadie quiere
asumir: es el malo y es el perdedor. Y lo peor es que se resalta la importancia
de uke sólo en el sentido de ser necesario para aprender a ejecutar la técnica
y se desconoce su papel primordial como maestro de tori y sobre todo como el
camino de la humildad del artista marcial.
El efecto de las connotaciones
psicológicas que recaen sobre uke son un aspecto importante para estudiar en el
caso de las deserciones y en las dificultades de los novatos para comprender la
técnica de Aikido, pues estas lesionan el ego del practicante que desconoce el
arte de ser uke, arte que esta íntimamente relacionado con la filosofía
oriental (del eliminar el ego y el desapego del Zen y de la "no
acción" del taoísmo entre otras ideologías orientales que promulgan el
vacío como lo verdaderamente real). Y es que en un pensamiento donde la
rivalidad de los opuestos no existe, sino que hay una dialéctica dinámica no se
puede hablar de malo o bueno, perdedor o ganador porque los opuestos se
confunden en una unidad indiferenciada donde no se sabe quien es quien; sólo
hay una relación de dos en la practica donde cada cual le saca provecho al
papel que le toca desempeñar.
Ser uke es el camino de la humildad, de la
eliminación del ego en el sentido del dejarse guiar por tori en la ejecución de
la técnica sin la pretensión de ser el mejor, pero no significa una resignación
y un abandono al antojo del tori sino que debe haber una comprensión corporal
de las intenciones que se ponen en juego en la técnica, el uke debe estar vivo,
despierto al camino que muestra tori: una buena técnica sólo puede ser superada
con una buena caída. La humildad es reconocer el valor del otro por lo que es,
es ser capaz de dar y recibir, de compartir y entregarse por entero a la
práctica. Pero la comprensión de la humildad debe obtenerse de la práctica
misma, pues sólo por medio de ella se comprende el sentido del Aikido que es el
amor por todos los seres. Esto es difícil de entender porque las artes
marciales se marcarían como artes creadas para destruir, para hacer la guerra.
Pero el Aikido se inscribe en las artes marciales que privilegian el Kata por
encima del combate, esto es un arte que observa la belleza del gesto, la forma
nacida de un espíritu noble. Podría decirse que es un camino inverso a la
sublimación, que eleva la energía corporal a un alma, el Kata eleva la energía
espiritual a un cuerpo que la expresa. Por eso en Aikido nadie es mejor que el
otro: uke y tori deben fundirse en una unidad indiferenciada donde sólo la
técnica es.
También hay que entender que el maestro no
es sólo la persona que enseña o personifica al Aikidoka superior. El maestro es
la persona que sabe asumir el papel que le toca desempeñar, quien lo ejecuta
con esmero y maestría. Por eso a los grandes artistas se les llama maestros,
por que saben ejecutar su técnica con limpieza y belleza del gesto. El Aikidoka
no es la excepción, tanto si es uke como si es tori, su técnica debe mostrar
belleza, gracia y virtuosidad tanto al recibir como al dar la proyección o el
control. En tal caso es el uke quien decide la impecable de la técnica, pues si
la recibe con orgullo, miedo o provocación se pondrá en riesgo su propia
integridad física, además que la forma correcta de recibir abre posibilidades
de contraatacar, por lo que resistirse a recibir es algo estúpido en Aikido.
Con los argumentos expuestos hasta ahora
creo que hay bastantes méritos para considerar al Aikido como una buena
estrategia para la defensa personal, eso sí, se debe tener en cuenta que en
caso de peligro real ante un bandido hay un sinnúmero de fenómenos que se deben
tener en cuenta, y por lo tanto no se puede garantizar que una persona con gran
habilidad de Aikidoka pueda salir ileso de tal situación, sólo se espera que un
Aikidoka en fe de sus principios no tenga nunca que enfrentarse a una situación
donde ponga a prueba sus conocimientos. Por último hay que comprender que la
idea de armonía en Aikido no es el de la suavidad o del aprovechar la fuerza
del contrincante para vencerlo, es la de evitar la confrontación, el choque
para entrar a conciliar, a ser Uno, es la defensa personal como tal, como la
evitación de ser lastimado tanto a sí mismo como al otro, porque después de
todo -entendiéndolo desde los principios de la filosofía oriental- todos
estamos interconectados en un sistema cósmico, donde hacerle daño a otro es
hacerse daño a sí mismo, así que es preferible evitar la confrontación y tratar
de llegar a un acuerdo de paz con el otro.
Así que trabajemos a conciencia para ser
buenos ukes antes que esperar ser grandes Aikidokas por la superioridad ante el
otro.