viernes, 29 de junio de 2012

DEFENSA CONTRA LOS ATAQUES VERBALES 1


Cuenta que un gran maestro samurái se encontraba en la plaza de su pueblo cuando un ronín que pasaba por allí quiso provocarlo con insultos, a los cuales el maestro paso indiferente. Uno de sus discípulos indignado recriminó a su maestro por no responder a la ofensa, a lo que este le preguntó
-- cuando le das un regalo a alguien y no te lo recibe ¿quién se queda con el regalo?
 El discípulo contestó: -- pues yo me quedo con él
Igual pasa con los insultos --replico el maestro.



Antes de discutir sobre técnicas de defensa debemos recalcar sobre la necesidad de tener una postura y una actitud correctas y asertivas con respecto a nosotros mismos y a los demás, reconocer que las palabras no hacen daño, por lo menos en un contexto de discusión acalorada o de provocación diferente a lo que puede ocurrir con los chismes que transcurren a espaldas nuestra. Y en ese sentido debemos entender las circunstancias que ameritan entrar en la ejecución de una defensa o simplemente ignorar las palabras ofensivas como hace el gran maestro de la historia arriba relatada.
Las palabras solo pueden ser ofensivas en tanto le concedamos importancia y sentido a esas palabras, de lo contrario solo son ruido, sin embargo, cuando tenemos en nuestro entorno laboral o cualesquier otro una persona que nos fastidia o acosa con sus necias palabras es necesario actuar de alguna manera para paliar tal situación, sobre todo no podemos dejar contagiar de su estado de ánimo, pues es ahí que la situación se vuelve tensa. Es importante reconocer nuestro alcance y capacidad y considerar que no siempre hemos de tener una respuesta justa e ingeniosa a una agresión verbal, sobre todo saber desestimar cualquier ofensa con la idea que esta no merece una respuesta ingeniosa, sino todo lo contrario, después de todo, los ataques verbales suelen ser vulgares, descorteces y falto de inteligencia que no merecen nuestra atención.
La respuesta que se le debe dar a una agresión verbal ha de depender de la situación y el contexto que se presenta, de nuestra capacidad de empatía entre otras. La situación puede ser que se presente en un momento de negociación, una presentación de un proyecto o simplemente en un momento cotidiano de trabajo u otro motivo. En cuanto la empatía consiste en comprender a su adversario, del porqué de su comportamiento de entender si sus palabras son intencionales o son dichas de manera ingenua por imprudencia o ignorancia entre otras razones del contexto.
Así las primeras técnicas son de esquivación, es decir provocar un desequilibrio al oponente tal como ocurre en el aikido, cuando el compañero ataca intenta golpear el objetivo, o por defecto, que su golpe sea bloqueado; en ambos caso hay un choque. También puede ocurrir que caiga en el vacío al ser esquivado, pero en el caso del aikido, el golpe es absorbido y redireccionado dentro del campo gravitacional del aikidoka dejando en desequilibrio al atacante hasta provocar su caída. Igual en el ataque verbal el agresor espera una reacción en su victima y, por supuesto, en el tono emotivo de su provocación, de ahí que si se le da una respuesta fuera del contexto que él espera se ha de generar un desequilibrio.
Reacciones como hacer  un gesto mudo, cambiar el tema de conversación, hacer un comentario monosilábico o hacer un refrán inapropiado pueden ser técnicas encaminadas a este propósito. Son respuestas que no se esperan e incluso pueden dar un toque de buen humor permitiendo mantener nuestro buen ánimo y desbalancear a nuestro agresor. Miremos cada una de estas técnicas:
El gesto mudo puede ser una mirada extraña, un guiño, tomar nota o cualquier otro gesto que se nos ocurra cuando alguien dice algo para provocarnos y con ello manipularnos al sacarnos de quicio, con el gesto buscamos mantenernos centrados en lo que estamos haciendo e ignorar la provocación. Un punto importante es no justificar al agresor nuestro comportamiento.
Cambiar el tema es desviar la atención que nuestro agresor pone sobre un asunto que nos ofende para dirigirlo a cualesquier otro sin importancia. Minimizar el tema ofensivo y centrarnos en lo que nos concierne, la propia integridad.
Hacer un comentario monosilábico se hace ante un interlocutor que alardea bajo una avalancha de palabras y no pretendemos seguirle el juego y malgastar energía en discusiones inútiles, de tal manera que menos preciamos su cantaleta con una frase corta que desestima su argumento.
Responder con un refrán inapropiado es una estrategia directa a la confusión, es decir se hace con esa intención directamente sin darle vueltas, es apelar a la lógica de la comunicación de que todo lo que decimos tiene sentido, es pues un sin sentido ante el comentario insolente con el que hemos sido atacados. Un koan también podría servir para este propósito, pues carecen de la lógica aristotélica en la que estamos inmersos.
Son estas las primeras técnicas de aikido verbal propuestas por Bárbara Berckhan en su libro Como Defenderse de los Ataques Verbales. Mas adelante estaremos hablando de las otras técnicas y sobre los primeros auxilios ante estas agresiones.

Berckhan, Bárbara (2010). Como Defenderse de los Ataques Verbales. Madrid. Grupo RBA Integral.
(P.P. 128)



martes, 12 de junio de 2012

AIKIDO VERBAL



La autodefensa comienza siempre con una declaración de independencia: no permito que mi estado de ánimo dependa  de  los  demás
Bárbara Berckhan.

Cuando se habla de artes marciales, se viene a la cabeza ideas como la defensa personal,  el combate, la lucha. Sin embargo, estamos en una época donde ir a los golpes contra nuestros semejantes es la salida mas inadecuada y tonta que podamos hacer, es decir, si alguien nos provoca con insultos o insinuaciones verbales o incluso con gestos que nos ofende la respuesta adecuada no será el enfadarnos y responder igualmente con palabras ofensivas contra nuestro agresor, ha de ser una actitud diferente, ha de ser nuestra capacidad de no dejarnos arrastrar por la actitud del otro, es la capacidad de mantener la compostura y no permitir que nuestro estado de ánimo dependa del otro. Por eso, entrenar aikido verbal esta orientado a desarrollar ese escudo protector que nos a de permitir mantener es buen estado de ánimo que nos lleva a mantener el balance y equilibrio en medio de un relación tensa que ha de llevar a que nadie salga perjudicado.
El punto clave del aikido verbal es la escucha atenta y completa manteniendo el buen ánimo y la disposición para encontrar una salida a la situación que se presenta. Y ¿cómo desarrollar estas habilidades si en gran medida estas parecen ser cuestión de la personalidad y el determinismo? Pues, realmente se puede entrenar la escucha y el buen ánimo en el control de la respiración y con un cambio de perspectiva de nuestra acción, es decir al centrarnos y concentrarnos en el flujo de nuestras propias emociones, de las reacciones físicas y comportamentales  ante cualquier situación especifica. De esta manera se podrá comprender como la respiración cambia de acuerdo a los sentimientos, del mismo modo se puede cambiar la emoción a partir del control de la respiración: la respiración lenta y profunda es la calma y sentimiento neutro, de tal manera que sería el punto de partida para conservar la calma, tan necesaria en situaciones  tensas. Recuerde que es normal tener desacuerdos y es necesario darlos a conocer de forma directa y honesta sin ofender o lastimar al compañero de disputa.
En cuanto a la escucha atenta y completa se debe tener en cuenta las claves para tener una buena comunicación (entrada del 17 de agosto de 2010), en especial procure entender lo que dice el otro mas allá de sus palabras con preguntas a ti mismo sobre lo que sientes y las intensiones detrás de su declaración. A partir de ahí se puede redireccionar la discusión a un punto de acuerdo exponiendo sus propios puntos de vista sin imposición y con firmeza y objetividad sobre el asunto en discusión  manteniendo la cortesía y respeto que cualquier ser humano se merece.
En la próxima entrada expondremos las técnicas básicas para ejecutar una defensa verbal recopiladas por la pedagoga y diplomática Bárbara Berckhan en su libro “Como Defenderse de los Ataques Verbales”.

lunes, 21 de mayo de 2012

ZANSHIN


Este es un término japonés para hacer referencia al estado de alerta y vigilancia, a la capacidad de percibir el peligro. Aunque no es tan claro esta interpretación, pues el zanshin va un poco más allá, es también como un “escudo protector” en tanto que le permite al artista marcial reaccionar con eficacia ante una amenaza y, en este sentido, se debe diferenciar del estrés, el cual es la reacción natural del organismo ante una amenaza real o imaginada y que algunos suelen llamar “zanshin negativo”  por ser vegetativo, biológico y compartido con todos los animales, pues la supervivencia depende de la adecuada reacción al peligro y que los seres vivos tienen de forma instintiva. La emoción del estrés es el temor y corresponde a una respuesta de huida o lucha ante la amenaza; y que en nuestra época parece injustificada en el mayor de los casos, pues casi siempre corresponde a situaciones que no son reales, hasta el punto de ser permanente, ya que al no tener claro el origen de la amenaza no se puede encontrar una respuesta adecuada para salvar el sentimiento de temor que embarga, ocasionando deterioro de la salud.
El zanshin como disponibilidad para reaccionar al peligro no puede estar encubierto por el miedo al peligro, como ocurre con el estrés, es más bien un estado de independencia en tanto que se sustrae del entorno y el sentimiento y este no ha de depender de la situación o del otro, se ha de tomar distancia emocional para mantener la calma. Para tal efecto, es necesario el entrenamiento concienzudo de la respiración, puede ser por medio de la práctica de las artes marciales, de la meditación u otros ejercicios que permitan el dominio del ritmo respiratorio como control del flujo emocional. Se debe tener cuidado de no confundir el control de la emoción con neutralizar el estado emocional que provoca los acontecimientos vitales, es decir, la disponibilidad que representa el zanshin es consecuente con la asertividad, con las respuestas adecuadas a los ataques que se recibe, es reconocer que el peligro provoca miedo para reconocer su surgimiento y no reaccionar de manera incontrolada llevado por el susto, sino percibir la situación y actuar en consecuencia y de manera objetiva.
El zanshin como escudo apunta a algo como una irradiación de poder que los grandes maestros inspiran de tal manera que neutraliza la agresión con su mera presencia, es algo indescriptible y a lo que todo artista marcial debe aspirar. Tal estado solo se logra con mucho entrenamiento orientado al conocimiento de sí mismo y al control de las técnicas de respiración.
Por eso aconsejo que para entrenar el zanshin observen constantemente su respiración al momento de ejecutar una técnica de aikido, de recibirla o al realizar cualquier ejercicio, incluso a cada instante de la vida cotidiana, darse cuenta del ritmo de la respiración al estar alegres, tristes, enojados, asustados, en cada emoción sentida. También recrear alguna situación en que se pudo mantener tranquilo y en calma mientras la situación circundante era caótica,  violenta o irritante, y si cree que no ha vivido tal, imagínela, hágala suya, reconózcase en ella,  siéntala, vívela, practíquela en cada oportunidad que tenga, y sobre todo recuerde, como dice Barbara Berckhan en su libro Aprender a Defenderse de los Ataques Verbales: “No se trata de reaccionar siempre de  forma  correcta.  Es  mucho  más  importante  que  no  nos  ataquemos  a nosotros mismos, que convivamos en armonía con nuestras imperfecciones”.  

viernes, 6 de abril de 2012

CON RESPECTO A LA TÉCNICA



Cuenta una leyenda que un alumno de Jigoro Kano, maestro creador del judo, que un día decidió ir a la montaña a meditar y entrenar solo para mejorar su técnica. Varios años después volvió ante su maestro y le dijo haber descubierto una nueva técnica. Sensei Jigoro Kano, le pidió que se la enseñara haciéndole una demostración con otro de sus alumnos. Este hizo su demostración, hasta que el maestro se le acercó y le dijo que la intentará con él, una vez que lo hizo quien resultó derribado fue el creador de la nueva técnica, a lo que el maestro agrego, “aun no haz descubierto nada”.
Todo esto para decir que una técnica es algo más que el gesto que caracteriza la técnica misma, es decir su forma básica. Una técnica no se puede decir que se ha aprendido hasta  que el estudiante domine los diferentes aspectos de la misma, ósea, la forma básica (kihon waza), la forma adecuada de recibirla (ukemi), la contra técnica (kaeshi waza), la modificación de la técnica (renraku waza) y la variación de la técnica (henka oyo waza).
En Aikido se puede distinguir unas 25 técnicas básicas, según cada federación tiene su número de técnicas de estudio en sus programas. En el nuestro, la Asociación Antioqueña de Aikido, cuenta con un número de 18 técnicas básicas, que se aplican contra unos 11 tipos de ataques, con tres diferentes posturas. Esa combinación hace un número muy elevado de técnicas. Pero esas variaciones tiene que ver más con renraku waza, es decir, la técnica modificada según  el tipo de ataque recibido. Y en cuanto al tema que aquí se trata, el conocimiento de la técnica y su aplicación efectiva, da cuenta de que para aprender una sola de las técnicas requiere un largo y concienzudo camino de entrenamiento.
El primer paso, es pues el kihon waza, la técnica básica, que consiste en conocer el gesto adecuado que le da la característica a la misma. Hace parte de la esta, el ukemi, la forma adecuada de recibir, de tal manera que pueda el aikidoka salir ileso de la ejecución de la técnica. La mayoría de ukemi consiste en caer al piso rodando, esto es la estrategia para escapar y evitar ser golpeado, al contrario de lo que ocurre en las artes marciales competitivas, en las cuales caer es considerado como perder. Otra forma de ukemi, sería la contra técnica o kaeshi waza, que consiste en redirigir el ataque del compañero para entrar el aikidoka a dominar la situación.
La modificación de la técnica o renraku waza, consiste en realizar una técnica con ligeras modificaciones a la técnica básica con el fin de evitar la contra técnica o, simplemente,  enriquecer las posibilidades de su efectividad. Al igual la variación de la técnica o henka oyo waza, que consiste en iniciar una determinada técnica pero al final ejecutar otra que tiene el propósito de sorprender al compañero y enriquecer las posibilidades.
Por último he de señalar que los personajes que participan en el combate o danza del aikido, se denominan, tori que es quien ejecuta la técnica y uke que es quien la recibe, es decir que en intercambio de ataque y defensa estos papeles se intercambian constantemente. De hecho toda técnica de Aikido es una contra técnica en tanto que es una respuesta a un ataque que recibe el aikidoka, así que es uke en ese instante y se vuelve tori al momento de responder con la ejecución de una técnica.
Es pues largo el camino para aprender una técnica en Aikido, pues no basta con conocer la ejecución adecuada de una técnica, se debe explorar todas las posibilidades con las que cuenta el aikidoka cuando  se trata de entender los principios que hacen la esencia de la misma.

lunes, 27 de febrero de 2012

POSTURA



Demostración de O Sensei sobre el poder del ki y 
y de su excelente postura


Cuando en artes marciales se habla de postura, por lo general se hace referencia a la guardia, es decir a una postura de atención y alerta en el combate. Cada arte marcial tiene sus guardias con ciertas características propias del fundador o del maestro que encabeza el estilo.

Hay una gran cantidad de guardias según el momento y necesidades que se presentan en el combate. De tal modo que las guardias o posturas van desde la postura relajada y natural hasta la de máxima alerta. Hay guardia adelante, atrás, de jinete entre otras dependiendo de la forma de ubicar los pies en relación con la dirección del cuerpo y su colocación espacial y su proyección de tal manera que el artista marcial refleja su intención y disposición al combate que invita al contrincante a la lucha o huida.

En aikido se observa la postura adelante alineando las piernas una detrás de otra, doblando la pierna de adelante y estirando la de atrás, con una guardia de manos estiradas hacia adelante con una ubicación de ellas como si estuviera tomando la katana entre sus manos pero sin cerrar las manos. Sin embargo, el aspecto más importante no es la forma misma de la guardia, tal como se observa en la mayoría de maestros en su exhibiciones de aikido, los cuales suelen asumir una postura relajada y natural, la que podríamos deducir que es la denominada guardia no guardia, es decir un tipo de guardia ambigua donde aparentemente este luce descuidado sin embargo refleja una concentración y atención a todo su entorno que es difícil pretender atacarlo. Esto nos lleva a deducir que la postura no está centrada en la forma de la guardia sino en una actitud que enviste todo el cuerpo y refleja una profunda concentración.

Por supuesto la postura tiene que ver con la actitud, con atender las recomendaciones de los maestros de mantener el peso abajo, estar completamente relajado y proyectar el ki hacia afuera. De tal manera que el cuerpo está firmemente anclado al piso y con la flexibilidad suficiente para responder a los ataques en la fluidez del movimiento que exige el combate. La postura es, entonces, algo más que la guardia, es la actitud y la disposición para hacer frente a las adversidades sin descomponerse, es la posibilidad de ejecutar la técnica manteniendo la compostura y los principios básicos para esta. Por eso cuando su instructor le exija mantener la postura, obsérvese a sí mismo y mantenga la atención sobre su propio cuerpo y sobre la ubicación de cada parte de su cuerpo para comprender como se puede mover con total libertad, sin que tomar a su compañero para ejecutar la técnica sea un problema para desplazarse y desplazarlo en la realización del ejercicio, en la realización de su defensa.

miércoles, 26 de octubre de 2011

DEFENSA PERSONAL POR LA VÍA DE LA PAZ




1. Defensa Personal y artes marciales

Cuando se ofrecen cursos de artes marciales siempre se alude a la defensa personal como atractivo para que le gente se motive a practicarla. Lógicamente este ideal cae al transcurso que se practica, pues se descubre que para lograr un buen desempeño en el arte marcial que se practica es necesario un buen estado físico que se alcanza con una practica casi de un deportista de alto rendimiento, lo que implica sacrificar un poco la salud, puesto que la practica de cualquier deporte casi al 100% de nuestra capacidad disminuye la reserva energética del cuerpo y cae rápidamente en un estado de agotamiento. O sea que las personas que se acercan con el ideal de aprender a defenderse pierden interés, pues es lógico que si soy fuerte, ágil, muy hábil y astuto podría defenderse sin ningún problema así no sepa algún arte marcial. También la idea de defensa personal está asociada con la idea de estrategias para tomar ventajas en un combate real. Pero ninguna estrategia marcial es realmente 100% efectiva; siempre hay una contra técnica o truco para superarla o evitarla. El combate simulado que implica su estudio tampoco llena las expectativas sobre la efectividad de la técnica, y no es posible cubrir todas las posibilidades de ataques o estilos de combate posibles, sobre todo cuando cada arte marcial tiene su propio estilo de combate, que no se compara con el combate callejero que implica la defensa personal. De este modo nos queda replantear que es defensa  personal.

Las personas que buscan en las artes marciales defensa personal, son por lo general personas que se consideran débiles e indefensos ante un mundo agresivo y violento --tal vez tienen su "abusivo personal" que los violenta a diario a quien estiman, por lo que quieren aprender a defenderse sin lastimarlo-. Se podría decir que más que  defensa personal buscan el modo de vengar la ofensa que otros le acometen, demostrarles que son poderosos y difíciles de intimidar. Pero eso no es defensa personal, así haya quien diga que "la mejor defensa es el ataque", pero eso es falso, si yo ataco primero paso a ser el agresor antes que el agredido, eso no es defensa sino agresión. También si respondo un ataque pasó a entrar en el juego de la violencia que el otro quiere imponer, eso no es defensa, eso es un combate, una guerra. Debemos entender la defensa como tal, como la acción de evitar ser lastimados, de proteger mi integridad y para tal meta no es necesario lastimar al contrincante o eliminarlo, sólo hay que mantenerse alejado de la trayectoria de sus ataque, eludir sus golpes y tal vez buscar una conciliación. El Aikido es el primer arte marcial que ofrece esta alternativa de intercambio en la ejecución de su estilo de combate.

Tal vez los Aikidokas estén en desacuerdo con mi planteamiento, puesto que el Aikido ofrece un sistema de combate particular que no tiene punto de comparación con el combate callejero, que es sobre el cual se aplicaría la defensa personal. Pero el Aikido ofrece dos alternativas aplicables a la defensa: evitar ser lastimado con movimientos de esquiva (giros y desplazamientos en zig zag) y plantea un movimiento muy natural de acuerdo a la anatomía del cuerpo humano, o sea que para la ejecución de la técnica no es necesario hacer posiciones o movimientos complicados como los que realiza la gimnasia (en casos como la capoeira o el kung fu). Lo que sugiera que a la larga, una vez comprendido los principios básicos del Aikido es posible aplicar el Aikido a la defensa personal.

2. El kata

Otro argumento para desechar las artes marciales como defensa personal es el asunto que estas privilegian el kata sobre la eficacia en el combate. Pero ¿qué es el kata? Se entiende el kata como el esquema demostrativo de un combate simulado. Normalmente se traduce como forma, esquema, figura, gesto, pero hay que entender su sentido más profundo porque lo se busca con la practica del kata no es sólo la belleza formal de la técnica -de ser así, no sería un arte marcial sino una danza- sino, además la forma mas eficaz de la misma, o sea la formalidad de la técnica marcial no es más que la búsqueda de los principios físicos y biomecánicos que comprenden la ejecución de la técnica, o lo que es lo mismo, se pretende lograr mayor eficacia con el mínimo esfuerzo. Por eso la práctica de un arte marcial como defensa personal demanda una entrega entera y constante a la práctica durante varios años antes de pensar en la eficacia en el combate. Las artes marciales orientadas al kata se practicaban en el Japón en tiempos de paz como método para mantener a los guerreros en forma al tiempo que mejoraban sus estrategias de combate, por lo que la aplicación de las técnicas no se llevaba hasta su máxima expresión, o sea la muerte del contrincante, situación que ha llevado a pensar a la gente que la practica del kata no es una adecuada manera de llegar a comprender la razón de ser de las artes marciales que es superar al contrincante. Practicar de una manera suave y cuidando al compañero es para algunos una forma de engañar a las personas con respecto a la defensa personal, pues el cuerpo no aprende a reaccionar con la destreza y fuerza del combate real, y tal vez es cierto cuando se espera que las respuestas de pelea sean casi reflejas en los guerreros. Por eso artes marciales como el Taekwondo llevaron a la competencia el combate con contacto total apoyado con una serie de protectores y, por supuesto, restringiendo las técnicas peligrosas, reduciéndose a un boxeo con las piernas.
Pero a la larga creo que este argumento desmerita el valor de la kata como estudio de mejorar y perfeccionar el estilo de combate. Y, por supuesto, el Aikido como arte marcial no violento no necesita restringir o disimular la realidad del combate, puesto que su práctica no se realiza para resaltar la superioridad de uno sobre el otro o para aniquilarlo. Por ejemplo, cuando el uke cae no es por que perdió ante el tori, sino que es una manera de salir ileso de la técnica  teniendo la posibilidad de huir o continuar con el combate. Y, por supuesto que, si se comprende el principio básico del Aikido: "evitar ser lesionado", una buena caída es la mejor manera de alcanzar este objetivo, puesto que el choque y la confrontación puede ocasionar daños a uno o al otro. 

3. Ser uke.

Sin embargo, la razón de mayor envergadura para la deserción en las artes marciales no es la frustración de no alcanzar las metas, lo engañoso de la practica del kata con respecto al combate real o el sacrificio que implica su practica, sino el golpe al ego cuando se es uke -y es que ubicarse en la posición de quien pierde, es humillado o inferior a su compañero es desagradable para cualquiera, sobre todo en una sociedad que promueve la gloria del triunfo-.
Quien practica artes marciales desea aprender a superar al contrincante con técnicas que muestren su superioridad en fuerza, astucia e inteligencia, pero para aprender las estrategias de combate debe primero recibir las técnicas; tal es el caso en el Aikido donde su estudio supone un agresor que pierde al intentar golpear al Aikidoka, este supuesto agresor es uke. Entonces uke tiene dos connotaciones negativas que nadie quiere asumir: es el malo y es el perdedor. Y lo peor es que se resalta la importancia de uke sólo en el sentido de ser necesario para aprender a ejecutar la técnica y se desconoce su papel primordial como maestro de tori y sobre todo como el camino de la humildad del artista marcial.

El efecto de las connotaciones psicológicas que recaen sobre uke son un aspecto importante para estudiar en el caso de las deserciones y en las dificultades de los novatos para comprender la técnica de Aikido, pues estas lesionan el ego del practicante que desconoce el arte de ser uke, arte que esta íntimamente relacionado con la filosofía oriental (del eliminar el ego y el desapego del Zen y de la "no acción" del taoísmo entre otras ideologías orientales que promulgan el vacío como lo verdaderamente real). Y es que en un pensamiento donde la rivalidad de los opuestos no existe, sino que hay una dialéctica dinámica no se puede hablar de malo o bueno, perdedor o ganador porque los opuestos se confunden en una unidad indiferenciada donde no se sabe quien es quien; sólo hay una relación de dos en la practica donde cada cual le saca provecho al papel que le toca desempeñar.

Ser uke es el camino de la humildad, de la eliminación del ego en el sentido del dejarse guiar por tori en la ejecución de la técnica sin la pretensión de ser el mejor, pero no significa una resignación y un abandono al antojo del tori sino que debe haber una comprensión corporal de las intenciones que se ponen en juego en la técnica, el uke debe estar vivo, despierto al camino que muestra tori: una buena técnica sólo puede ser superada con una buena caída. La humildad es reconocer el valor del otro por lo que es, es ser capaz de dar y recibir, de compartir y entregarse por entero a la práctica. Pero la comprensión de la humildad debe obtenerse de la práctica misma, pues sólo por medio de ella se comprende el sentido del Aikido que es el amor por todos los seres. Esto es difícil de entender porque las artes marciales se marcarían como artes creadas para destruir, para hacer la guerra. Pero el Aikido se inscribe en las artes marciales que privilegian el Kata por encima del combate, esto es un arte que observa la belleza del gesto, la forma nacida de un espíritu noble. Podría decirse que es un camino inverso a la sublimación, que eleva la energía corporal a un alma, el Kata eleva la energía espiritual a un cuerpo que la expresa. Por eso en Aikido nadie es mejor que el otro: uke y tori deben fundirse en una unidad indiferenciada donde sólo la técnica es.

También hay que entender que el maestro no es sólo la persona que enseña o personifica al Aikidoka superior. El maestro es la persona que sabe asumir el papel que le toca desempeñar, quien lo ejecuta con esmero y maestría. Por eso a los grandes artistas se les llama maestros, por que saben ejecutar su técnica con limpieza y belleza del gesto. El Aikidoka no es la excepción, tanto si es uke como si es tori, su técnica debe mostrar belleza, gracia y virtuosidad tanto al recibir como al dar la proyección o el control. En tal caso es el uke quien decide la impecable de la técnica, pues si la recibe con orgullo, miedo o provocación se pondrá en riesgo su propia integridad física, además que la forma correcta de recibir abre posibilidades de contraatacar, por lo que resistirse a recibir es algo estúpido en Aikido.

Con los argumentos expuestos hasta ahora creo que hay bastantes méritos para considerar al Aikido como una buena estrategia para la defensa personal, eso sí, se debe tener en cuenta que en caso de peligro real ante un bandido hay un sinnúmero de fenómenos que se deben tener en cuenta, y por lo tanto no se puede garantizar que una persona con gran habilidad de Aikidoka pueda salir ileso de tal situación, sólo se espera que un Aikidoka en fe de sus principios no tenga nunca que enfrentarse a una situación donde ponga a prueba sus conocimientos. Por último hay que comprender que la idea de armonía en Aikido no es el de la suavidad o del aprovechar la fuerza del contrincante para vencerlo, es la de evitar la confrontación, el choque para entrar a conciliar, a ser Uno, es la defensa personal como tal, como la evitación de ser lastimado tanto a sí mismo como al otro, porque después de todo -entendiéndolo desde los principios de la filosofía oriental- todos estamos interconectados en un sistema cósmico, donde hacerle daño a otro es hacerse daño a sí mismo, así que es preferible evitar la confrontación y tratar de llegar a un acuerdo de paz con el otro.

Así que trabajemos a conciencia para ser buenos ukes antes que esperar ser grandes Aikidokas por la superioridad ante el otro.

¿Es el Aikido un arte marcial meramente defensivo?

 Cuando yo empecé a practicar artes marciales, más exactamente Taekwondo, mi profesor solía decir que “deberíamos usarlo únicamente como def...