miércoles, 15 de julio de 2020

Senshin (先 心): La mente iluminada


En primer lugar se debe tener en cuenta que Shin () es un concepto muy amplio que abarca tanto la mente, el corazón y el espíritu, porque después de todo para el japonés no hay diferenciación entre todos estos términos porque son uno en el sentido profundo de su significado.

La iluminación es el fin último de la meditación zen, y también de la práctica del Aikido, el budo y, de hecho, de todas las artes orientales que encuentran en sus actividades la oportunidad de alcanzar la maestría y la vía de auto superación. Senshin, es la trascendencia que abarca y replica todos los otros espíritus del budo y que no se puede nombrar o comprender con la razón, porque no es racional, es eso y mucho más.

En el senshin se reconoce, se comprende y se siente la conexión universal de todos los seres existentes por lo que el respeto y protección de la naturaleza y todos sus seres se da de manera espontánea,  simple, natural y fluida: nada es malo, nada es bueno, el mundo solo es lo que es, solo hay que observarlo; la vida solo hay que vivirla.

Ser UNO con el universo es cumplir esa función de observador que vive, siente y expresa su naturaleza en cada uno de sus actos, nada especial, sin embargo una forma de existir muy difícil de aceptar y de comprender que, para algunos, requiere de toda una vida de práctica y entrenamiento, y para muchos pasa sin darse cuenta, sin despertar. Y aun así, los maestros zen describen como algo natural, la iluminación debe darse incluso antes del despertar, de iluminarse, es reconocer el camino y transitarlo, observarlo y expresarse en el flujo de la vida misma.

viernes, 26 de junio de 2020

Aikido verbal para confrontar una conversación difícil


Si vences al enemigo seguirá siento tu enemigo, si lo convences seguirá siendo tu amigo
   Anónimo

Cuando la gente me pregunta si Aikido sirve para la defensa personal yo respondo que no, tal vez y a veces sí, es decir, no es posible garantizar que alguien se pueda defender de una agresión inesperada por muchas estrategias o técnicas que se haya aprendido en cualquier arte marcial si no entrena durante mucho tiempo todas esas técnicas. El entrenamiento es fundamental para que eso que estudia se haga parte integra del conocimiento y habilidad del practicante y, solo tal vez pueda ser que lo estudiado sea una nueva forma de responder instintiva y espontáneamente a un ataque. De hecho, los competidores entrenan para estar preparados para la contienda y, por lo menos ellos, saben cuándo tendrá el encuentro y las reglas con las que se someterán.

Por eso, cuando uno sabe que tendrá una conversación difícil, bien sea en el trabajo, el estudio o cualquier otro ámbito lo primero que debe hacer es prepararse para ello, entrenar las habilidades, estudiarlas. La claridad, honestidad, la calma, el contexto deben entrenarse, así como el vocabulario, el lenguaje corporal, todo son habilidades que se pueden aprender y entrenar.

Entonces antes de enfrentar la conversación es bueno planear mis argumentos tomando nota de ellos, de los temas que considero se deben tratar, de cuales definitivamente no, de cuál es mi punto de vista y cuál es posiblemente el de mi contraparte. Es analizar como una partida de ajedrez mis jugadas y las posibles de él. Esto me da claridad y seguridad de mis argumentos, aunque se debe considerar, por ejemplo, la capacidad y disposición de escuchar que tiene el otro, los buenos argumentos no tienen ningún peso ante los fanáticos que creen tener siempre la razón.

Por eso la disposición a escuchar es fundamental en toda conversación, con ello accedemos a información valiosa sobre su punto de vista y argumentos además que aumentamos nuestros conocimientos al respecto del tema y, tal vez, de nuestro compañero, y le generaremos confianza a él al sentirse escuchado y respetado (aspectos esenciales para una comunicación fluida y asertiva), lo permite que cada cual sea más abierto y sincero en expresar sus ideas, lo que favorecerá una búsqueda en una solución al tema que se está tratando. Sin embargo debemos tener en cuenta que no además de los argumentos, en una conversación hay otros aspectos que influyen en su desarrollo y las decisiones, como por ejemplo en ambiente donde se lleva a cabo.

El contexto y ambiente donde se lleva la conversación es importante. El espacio donde se ha de realizar debe reunir unas mínimas características de privacidad, además debe reflejar ese sosiego que queremos transmitir de nuestro estado de ánimo, de equilibrio y atención, que no haya bulla que interfiera el dialogo y la escucha.

Además hay que tener delicadeza en el trato y las palabras más allá de la diplomacia en el sentido de que se debe ser suave y firme con honestidad y sin ofender. ¿Cómo así? Humorísticamente cuando se habla de honestidad se suele mostrar a gente que da un trato brusco, como por ejemplo, cuando alguien llega de viaje y le muestra las fotos del viaje a su amiga le dice “mira te voy a humillar al mostrarte lo divertido que la pasé” en vez del trato diplomático de decir “mira te voy a mostrar las fotos del viaje”. La honestidad no quiere decir que debamos mostrar nuestra intensión de humillar, ofender o maltratar al otro, la honestidad es mostrar lo que sentimos y buscamos alcanzar con la discusión, no es cuestión de ganar por encima de nuestro interlocutor, sino ganar con nuestro interlocutor. Debemos distinguir la diferencia entre lo que opinamos y lo que sentimos, por ejemplo puedo opinar que el otro es torpe y eso no quiere decir que la realidad sea así o que siento que el otro es torpe, eso no es un sentimiento, tal vez me siento incomodo o ridículo frente a las acciones de él. Mi opinión y mis sentimientos son problema mío, los actos torpes que de pronto comete el otro es problema de él y debo distinguir esa diferencia antes de poner ese tema en la discusión. Con esa claridad es posible ser delicado, discreto y honesto en la conversación.

Por supuesto no siempre tenderemos todas las herramientas para afrontar una conversación difícil, sin embargo con un buen entrenamiento es posible ir venciendo esas brechas que nos dificultan actuar con acierto y, tal vez, con el tiempo tendremos la habilidad de ser un buen intermediario en discusiones difíciles y en la resolución de conflictos.

Gracias.

jueves, 18 de junio de 2020

La inteligencia emocional a través del Aikido


Conviene no olvidar que todo lo que es percibido por la mente, el corazón y el espíritu, se vive con el cuerpo y por el cuerpo
     José Santos Nalda

Soy un convencido que lo fundamental del Aikido, como arte de armonización y paz, es la habilidad de sentir al compañero, sus intenciones y la energía que entrega en la práctica. Sin esa sensibilidad de la energía que se vive en la práctica, el Aikido no sería más que otro deporte para estar en buena condición física y entretenerse un rato después o antes de un día laboral. El Aikido trasciende la práctica de ejecución de técnicas y de mantenimiento físico para ser un arte donde se desarrolla la sensibilidad por las acciones del compañero, sus intenciones o proyección de su energía al momento de hacer un ataque o ejecutar una técnica, es por eso que puede responder acertadamente al acontecimiento de la práctica, bien recibiendo la técnica o ejecutándola.

Ser sensible, en eso consiste la continuidad de consciencia, el momento presente, el ahora, es sentir la vida ya, con el tacto, con el olfato, la vista, el oído, el corazón, la mente, con todo el ser, y eso también implica la emoción. Y en ese sentido el control emocional del Aikido trasciende el simple dominio de la emotividad (expresión de las emociones de forma reactiva e impulsiva) como solía exigirse a los samuráis en su época, sino que es el desarrollo de la inteligencia emocional tal como se entiende en la actualidad: dominio de la las inteligencias intrapersonal (comprensión y regulación de las propias emociones) e interpersonal (comprensión de las emociones de los otros con la respectiva habilidad de reaccionar de acuerdo a ello). No es solo comprender mi propio estado emocional, no es solo evitar hacer daño con mis armas al otro, es comprender al otro, sus intenciones y guiarlo a la reconciliación. No solo siento mis emociones, debo sentir las emociones de mi compañero que se expresan por su cuerpo y por sus palabras.

Cuando se es sensible a las propias emociones y a las del compañero se es posible pensar en la convivencia, en la reconciliación y en soluciones que beneficien a las partes implicadas porque es posible comprender los sentimientos que se ponen en juego, la energía que corre en medio y hacia dónde se dirige. Tal sensibilidad se desarrolla al mantenerse muy relajado en la acción, eso es Aikido y en tal actitud es posible sentir la intención del compañero, la energía que pone en el ataque o la técnica y la dirección en que se proyecta la energía, se siente el desequilibrio y las posibilidades de recuperar nuevamente el equilibrio. Eso es inteligencia emocional, sentir una emoción, distinguirla y comprenderla, saber en qué momento y por qué se siente al tiempo que se distingue la emoción del compañero detrás de la intención, de la acción o las palabras. Tal habilidad es posible cuando se está en calma, tranquilo, con un buen ánimo.


En ese sentido, practicar Aikido y entrenar la inteligencia emocional tienen mucho en común y en una buena orientación de la práctica podría ser lo mismo: desarrollar la sensibilidad de la energía que se pone en juego en un intercambio de acciones con el compañero, la familia o cualquier tipo de relación donde se convive con otros seres humanos. Es desarrollar el tacto y el corazón para aumentar la empatía y hacer de la convivencia una experiencia agradable y enriquecedora donde se aprende de cada acción, de cada técnica, de todos y todo donde podemos vivir a plenitud el Aikido.

sábado, 6 de junio de 2020

Superando la “toxicidad” con Aikido


No juzgar puede significar no aferrarse a los inevitables juicios de valor que la mente crea
─ Daniel Siegel

Hace rato me llama la atención el verbo to be de la lengua inglesa, porque traducido al español significa ser o estar. Es decir su sentido es ambiguo en tanto que ser hacer referencia a una cualidad de la personalidad y el estar a una situación puntual momentánea, o sea, si digo en inglés “i’m sad”, puedo interpretarlo como soy triste o estoy triste. En español la diferencia es clara, “soy triste” dice que mi personalidad tiende a ser melancólica, etc., pero el estoy triste se interpreta que en este momento me siento triste y tal vez luego se me pase y la emoción cambie a alegre. El ser da la impresión que ese cambio no puede ser posible, el estar es pasajero. Y es que ser o estar no es lo mismo al momento de juzgar y puede afectar al otro cuando se le califica por situaciones momentáneas, como por ejemplo, decir que alguien es “toxico” por un comportamiento errado del momento.

Por eso en el Aikido Verbal el modo que usamos el lenguaje es importante: No es lo mismo decir soy “toxico” a estoy “toxico”, juzgar por las acciones del momento aunque sean repetitivas es erróneo. El fundador del Aikido solía insistir en que cada técnica es única, irrepetible, por lo que estudiar Aikido por la imitación y copia de las técnicas no es adecuado, Aikido se debe estudiar por aplicación de sus principios básicos y debe haber una comprensión profunda de ellos. Igual en el Aikido verbal se debe comprender esos principios del lenguaje, y como usarlos, y lo primero es reconocer la propia “toxicidad”, del cómo hacemos juicios de valor constantemente de nuestros compañeros, del vecino, de los miembros de la familia y guiamos nuestras relaciones a partir de esas opiniones sin hacer una valoración y escrutinio real.

Es cierto, es inevitable hacer juicios de valor de los demás y de uno mismo, somos seres del lenguaje, con él construimos nuestro propio mundo, lo comprendemos y nos expresamos, no podemos existir fuera del lenguaje y debemos hacernos cargo de eso, debemos hacernos cargo de nuestros sentimientos, de nuestros pensamientos, de nuestras emociones, de nuestra vida, de cómo nos afecta el trato y contrato con el otro, con el compañero, la familia. Debemos comprender el poder de las palabras, de cómo afecta nuestra vida y la de los demás, y sobre todo qué nos afecta desde adentro, es decir, no es lo que el otro me dice lo que me afecta, es lo que yo interpreto y entiendo eso que me dice lo que me afecta, es la propia “toxicidad” la que hace daño. Por eso cuando se domina la técnica de Aikido ya no hay rival, el compañero y el aikidoka somos uno, ya no nos aferramos a la idea de contienda, nos apoyamos en la construcción de una relación “nutritiva” que nos fortalece en cada encuentro.

martes, 26 de mayo de 2020

El Aikidoka frente a una persona “toxica”


Los pensamientos personales limitan, categorizan y complican

      Taisen Deshimaru


Antes de hablar de persona “toxica” debo aclarar que tal calificativo no me gusta, a la larga es un término que se convierte en aquello que pretendemos erradicar con el Aikido verbal: esos adjetivos que descalifican al compañero y lo discriminan. Aunque no podemos negar que en la convivencia cotidiana, nos encontramos con personas que de alguna u otra forma genera cierto nivel de conflicto, después de todo, compartir espacios, momentos, bien sea en el trabajo, en la casa, el barrio, puede provocar un choque de intereses entre ellas. Son esas personas que parece tienen una mentalidad y un comportamiento que perjudican a los demás y a sí mismos. Y por supuesto debemos aprender a identificarlos y a tratarlos para no dejarnos contaminar de su negatividad y perder el buen ánimo que podamos tener.

¿Cómo podemos identificar una persona “toxica”? creo que más que identificar alguien “toxico”, se trata de reconocer nuestra “toxicidad”, es decir, una persona solo es “toxica” si nos afecta su comportamiento o sus palabras. Me explico: la toxicidad es “la capacidad de una sustancia química de producir efectos nocivos sobre un ser vivo”. Pero en las relaciones humanas, las palabras o comportamientos de una persona no tienen ese efecto en sus cuerpos físicos, solo puede ocurrir a nivel afectivo o mental si solo y solo si permito sentirme afectado. Así que en vez de juzgar a otra persona con adjetivos negativos (es egoísta, envidiosa, etc.), debo examinar cómo me siento ante lo que dice o hace el otro y darme cuenta que es por su comportamiento. Por ejemplo, si alguien se comporta de manera egocéntrica, por lo menos a mí me tiene sin cuidado, sin embargo cuando éste empieza con exigencias extravagantes como lealtad, como si uno fuera un tipo de sirviente o seguidor de él, es algo que puede afectarme, eso hace que la relación sea vertical en vez de horizontal donde él se considera por encima de mi persona. Eso no es correcto en las relaciones humanas, de amistad o compañerismo, no en una sociedad de derecho. Las jerarquías solo se dan en las instituciones donde se necesitan y aceptan como la iglesia o el ejército y tal vez en las empresas solo a nivel del poder de decisión correspondiente, pero no en las relaciones humanas. Entonces cuando reconozco que yo me creo con privilegios por encima de otros que considero de menor rango reconozco mi “toxicidad egocéntrica” y me siento afectado por aquel otro se considera superior a mí.

Cuando uno se encuentra con personas que me hacen sentir culpable, inferior, si siento malestar, que me roba energía o menos cava mi autoestima lo mejor es alejarse de él en cuanto sea posible. Sin embargo no siempre es posible hacerlo, puede ser un compañero de trabajo o un familiar cercano que no podemos evitar tan fácilmente, en ese caso debemos asumir la postura firme, respirar profundo y poner el escudo protector, o sea poner límites y con asertividad defender los propios derechos, reconocer los de él y compasivamente comprender su postura, hasta ayudarlo a darse cuenta de su comportamiento y juntos aprender nuevas maneras de convivir.

Al tratar con una persona que expresa continuamente esa “toxicidad” hay que tener claro que es un problema de él y por eso debemos marcar límites claros para mantener el propio equilibrio emocional y poder verlo desde una perspectiva de observador para comprenderlo entendiendo que puede ser una defensa que ha desarrollado y es parte de su personalidad. Lo cual puede darte  una habilidad para no sentirte afectado por sus continuos comportamientos y palabras “toxicas”, y con tacto apoyarlo para superar su comportamiento.

Sobre todo no permitas caer en el mismo comportamiento, busca el equilibrio al acercarte a personas “nutritivas” que enriquezcan tus experiencias, como por ejemplo acercarte a un dojo, o unirse a una clase de baile o cualquier otra actividad que te permita ser creativo y expresarte con libertad.

miércoles, 20 de mayo de 2020

Técnicas de Aikido Verbal para mejorar la convivencia


En las relaciones corrientes con los demás nuestro vocabulario, forma de expresarlo y tratar a los demás es fundamental para lograr una convivencia armoniosa. En el Aikido es fundamental el trato adecuado, mostrar respeto y encontrar la manera de que el compañero acepte y sienta que podemos acompañarnos en el camino. Después de todo, siempre hay puntos en común entre ambos, así que expresar las ideas donde involucramos al otro en la construcción de un ambiente agradable es cómo funciona la técnica de Aikido.

Miremos algunas técnicas de Aikido Verbal en los diálogos cotidianos que favorecen la armonía que tanto profesa el Aikido:

Sea específico. Hablar con ambigüedades, generalizar, hacer preguntas cerradas suelen confundir al interlocutor y lleva a desacuerdos. Por ejemplo, las generalizaciones son una mala costumbre de señalar o etiquetar las situaciones. Las palabras como “siempre”, “nunca”, “todos” entre otras suelen encasillar un acontecimiento especifico como una regla general, por ejemplo decir “¡siempre haces lo mismo!” está calificando al otro en ser repetitivo en eso. Más bien decir “date cuenta que lo haces otra vez” como estrategia para que observe el acto especifico en el momento mismo que sucede y pueda cuestionar su relación con otros momentos en que lo ha hecho. Otra forma de ambigüedad es poner citas o compromisos sin fecha específica como, por ejemplo decir, “nos vemos el fin de semana”, ahí no hay claridad en que momento nos veremos; o por ejemplo decir “¿podemos vernos?”, es una pregunta cerrada que no solicita información al otro sobre su disponibilidad, es mejor unas preguntas abiertas como “¿Cuándo podemos vernos?”, en este caso estamos pidiendo información sobre el cuándo tiene disponibilidad.  En el budo, los ataques o golpes siempre necesitan precisión, cada golpe es un atemi, es decir un golpe a un punto preciso del cuerpo, no se golpea al bulto. Cuando se hace una técnica de Aikido siempre se marca el atemi a esos puntos vulnerables aunque no se aplique con toda su contundencia.

Evitar el “pero”. El “pero” es una palabra de enlace entre dos frases, oraciones o sintagmas que se contraponen, y con él se resalta esa oposición, o más bien la segunda oración anula la primera, por ejemplo: “soy pobre, pero honrado” está calificando que los pobres son deshonrados, lo cual no corresponde a la verdad, es una generalización estigmatizaste y discriminatoria. Así que más bien se debe decir “soy pobre y honrado”, lo cual corresponde a una condición económica y una virtud propia de la persona; o decir, “esas flores son bonitas, pero prefiero chocolates” está mostrando que no le gusta el regalo. En la práctica de Aikido esto es hacer contacto y moverse en la misma dirección del compañero en vez de bloquear oponiéndose al ataque.

Convierte las expresiones negativas en positivas. Las expresiones negativas, aquellas que denotan rechazo, evitación, descalificación del otro son muy recurrentes en nuestro discurso, por eso es mejor cambiarlas por expresiones positivas que puedan encausar la situación difícil, podría ser más adecuado para buscar una solución o abrirse al dialogo. Por ejemplo si tu hijo quiere jugar contigo cuando estas ocupado en vez de decir “no tengo tiempo ahora” decir “gracias hijo por tu invitación, y ahora estoy ocupado…” y darle tal vez el momento preciso que puedan jugar; o cuando alguien en un trabajo no logra hacerlo bien, en vez de decirle “lo estás haciendo mal” decirle “bien, analicemos donde está la falla”; o tal vez algo que hace el otro no te desagrada no decir “¿qué diablos es eso?” y más bien decir “ no estoy de acuerdo con eso” y expresar tu opinión sincera al respecto. En todo momento en Aikido se prefiere colaborar por encima del combatir, es decir, se reconoce que la verdad tiene muchas aristas, cada punto de vista sobre ella es importante tenerlo en cuenta, por eso se reconoce que hay que colaborar con una discusión entre las partes para llegar a un aprendizaje que beneficie a todos y cada uno de los participantes.

Mostrar agradecimiento. Ser agradecido es muy valioso al momento de relacionarnos con los demás, por ejemplo, cuando llegue tarde a una cita en vez de disculparte, agradece por la espera y la paciencia; o si necesitas un favor, mostrar agradecimiento por que te van a hacer incluso antes de pedirlo “te estaré muy agradecido por este favor”,  “gracias por su tiempo”. Toda la etiqueta del Aikido está enmarcado en el agradecimiento, por eso hacemos tantas venias en el transcurso de la clase aun antes de entrar al tatami y después cuando salimos del dojo.
Gracias.

jueves, 14 de mayo de 2020

La convivencia según Aikido


¡La verdad fue hecha para existir!, y no para que la sepamos. A nosotros solo nos compete inventarla
─ Clarice Lispector


El Aikido es una actividad física muy particular en tanto arte marcial de la paz parece paradójico que un arte de lucha se declare ser pacifico. Claro que todas las artes marciales modernas suelen venderse como artes de defensa personal que solo debe ser aplicado en caso de estar en riesgo serio de sufrir algún ataque real a su integridad física personal o de alguien cercano. Pero el Aikido pretende lograr esa defensa sin ocasionar daño al agresor.

Por otro lado, el Aikido nace de las artes marciales tradicionales del Japón. Los samuráis eran guerreros muy violentos. También está bastante empapado de la religión tradicional de este país. Así que ambas instituciones (militar y religiosa) convergen en la filosofía del Aikido, y por supuesto para que el Aikido pudiera internacionalizarse, tal como el Judo o el Karate do, el Aikido no podía difundirse con toda esa carga ideológica, por lo tanto se transforma en un deporte (tal vez me dirán que el Aikido no es un deporte, pero deben tener en cuenta que si bien no es un deporte competitivo, el Aikido es un deporte de formación en tanto que se practica para la salud, el bienestar y el desarrollo personal y son muchas escuelas que no transmiten toda su filosofía y principios).

Teniendo en cuenta los detalles señalados y sin ánimo de profundizar o entrar en discusiones al respecto de la filosofía del Aikido, en mi opinión, la etiqueta del Aikido converge entre esas tres ideologías: militar, religiosa y deportiva. Como código militar, es bastante jerárquica y estricta, como principio religioso, es moralista y como norma deportiva, está muy reglamentada. Así entonces, la etiqueta de Aikido regula la convivencia en el dojo con una normativa bastante estricta (por supuesto según sea la escuela y su cabeza). Pero como norma ética, sugiere unos principios básicos que regulan las relaciones y la convivencia que, si bien son para los practicantes de Aikido dentro del dojo, también puede empapar todos los ámbitos donde el aikidoka conviva, su hogar, su trabajo, etc.

En mi opinión la base de la etiqueta del Aikido es el respeto a sí mismo, al maestro, al compañero, al espacio, a los implementos de trabajo, a la naturaleza. Todos y cada uno de los seres del universo tienen derechos a su existencia y a una vida digna, y es a partir de ese reconocimiento del derecho de todos es que se puede convivir. No es posible la convivencia si falta el respeto, y es ahí donde se debe poner atención en toda relación cuando se comparte con el otro un espacio, una práctica, un proyecto, la vida.

La práctica del Aikido está encaminada a un continuo aprendizaje. Se aprende a relacionarnos con el otro, a lidiar el conflicto, la agresión, la manera adecuada de recibir un ataque, una técnica, no solo a nivel físico, sino verbal y psicológico. La etiqueta es ese aspecto psicológico y hasta espiritual de la práctica el Aikido en ese plano donde las almas se encuentran, donde se pone en práctica el Aikido espiritual, es el Aikido verbal y del lenguaje no verbal en el gesto, la mirada, la postura.

Es muy simple, por ejemplo el aseo del dojo es una norma de etiqueta básica que hace la práctica agradable, igual sucede con la vivienda y el lugar de trabajo; y también en el trato, en las palabras que usamos para comunicarnos debe haber pulcritud. Expresar con claridad lo que sentimos y lo que pensamos manteniendo el tacto y respeto de acuerdo a las circunstancias del momento.

En el dojo también expresamos agradecimiento a todo y por todo, desde que se entra al dojo debemos inclinarnos hacia el interior mostrando agradecimiento al espacio por acogernos, agradecemos a los compañeros y al maestro. El agradecimiento hacia las cosas y personas que hacen parte de nuestras vidas le aporta valor y sentido a las relaciones. Así es, la venia no es solo un saludo, es un gesto de respeto y agradecimiento a la vida.

En sí, todos los aspectos de la etiqueta son valores para crear un ambiente agradable de convivencia y aprendizaje, y si hay claridad, agradecimiento y respeto es posible alcanzar ese clima. Por supuesto, en la convivencia diaria con los demás puede haber roces y dificultades, y debemos trabajar duro, entrenarnos en la resolución del conflicto por medio de las estrategias del Aikido y trascenderlas a otros aspectos y espacios de nuestras vidas. Eso puede darnos posibilidades de mejorar, de crecer personal y socialmente con todos los que comparten nuestro espacio vital y más allá.

Senshin (先 心): La mente iluminada

En primer lugar se debe tener en cuenta que Shin ( 心 ) es un concepto muy amplio que abarca tanto la mente, el corazón y el espíritu, porq...