viernes, 6 de diciembre de 2019

LOS 5 PRINCIPIOS DEL AIKIDO

Presente
El Aikido es la verdad enseñada por el Universo que debe regir nuestra vida en la Tierra.
 
En primer lugar debemos tener en cuenta que el cerebro es un órgano que se ocupa principalmente de la supervivencia, es decir, percibe principalmente el peligro de su mundo circundante antes que cualquier otra cosa, o más exactamente, interpreta la presencia de elementos desconocidos o sospechosos que no encajan en su mundo  como amenazantes, por eso, en el mundo actual, donde el cerebro “reptiliano” parece no tener cabida, ya que no estamos en las estepas africanas, si no en urbes más seguras, es necesario reaccionar con cabeza fría y cuestionar toda acción de nuestros compañeros antes de responder a tales, dando así un giro al punto de vista corriente de amenaza a un punto de vista de presente.
En la confrontación o la negociaciones podríamos apreciar los ataques del compañero como agresiones, o tal vez como presentes u oportunidades, dependiendo el punto de vista que asumamos eso será. En Aikido, el ataque del compañero es una oportunidad, un regalo, un presente que debemos asumir, asimilar, es dejarnos influenciar por la energía que el compañero entrega en su ataque.
Solo recibiendo el ataque sincero es que es posible la técnica de Aikido. Los ataques fingidos o precavidos que suelen hacer los principiantes, y aun practicantes avanzados, estancan la ejecución o la técnica lucen falsa. Como uke debo ser muy sincero en el ataque, debo entregar lo mejor de mí en él, al igual el tori debe ser sincero en la aplicación de la técnica, sobre todo en aquellas que son dolorosas.

Entregándolo todo en la técnica es que podemos comprender al compañero, entenderlo en su espíritu, cuerpo y alma, que hay en su petición, en su búsqueda. Cuando profundizamos en ese regalo que nos entrega con su ataque más allá de la aparente agresión, es ¿Cuál es su intensión? ¿Qué hay de nosotros que le molesta? O más exactamente ¿Qué está proyectando de su sombra en nosotros? Por eso siempre debemos estar muy atentos a profundizar, cuestionar y buscar lo que afecta al compañero para darle la mejor respuesta a su necesidad expresada en la agresión. 

viernes, 25 de octubre de 2019

LOS 5 PRINCIPIOS DEL AIKIDO


1. UNIÓN

El Aikido es el camino que reúne a todos los caminos del Universo desde la noche de los tiempos; es el Espíritu Universal que contiene y une a todos los seres.
─ Morihei Ueshiba

Ai
Aikido es interpretado como el camino de la armonía de la energía, es decir, que las diferentes energía del universo convergen y armonizan para la creación y la existencia de todo cuanto existe.

En la práctica del Aikido consiste en ser sensible al ataque del compañero: ¿cómo es el ataque? ¿Hacia dónde dirige su energía? ¿Qué intención lleva con él? Y con todos estos interrogantes responder al redirigir el ataque a su neutralización, a guiarlo a que la energía del ataque se diluya en la ejecución de la técnica. En este aspecto, la técnica es una construcción que se lleva a cabo entre ambos compañeros que empieza con el ataque de uke y termina con la proyección o inmovilización (o tal vez con algún otro final como la contra técnica o un estancamiento).

En el Aikido Verbal, es la capacidad de escuchar al compañero, es dejarse influenciar de él para comprender como piensa, porque en caso de una negociación, por ejemplo, es necesario saber que necesita su compañero, que busca en su transacción con nosotros, para tal caso debo preguntar y escuchar su pensamiento, descubrir su punto de vista, pensar como él, fundirse en su ideología para brindar una respuesta o una oferta a su necesidad.

Igual ante una ofensa, como un insulto, escuchar que hay más allá de su intención de ofender para dar una réplica a la altura nuestra, de nuestros derechos a ser respetados y, por supuesto, respetarle sus derechos. Incluso tener la capacidad de volver la ofensa verbal en una situación jocosa que revierta el ambiente tenso que ella crea en un momento relajado y, tal vez, agradable.

jueves, 17 de octubre de 2019

Suponiendo culpas y culpables


En una ocasión, entrenando en un seminario de mi maestro de Aikido, tenía dificultad para aplicar la técnica a un compañero, siempre llegaba a un punto de estancamiento. Yo atribuía esta dificultad a una falla en mi ejecución, que yo estaba forzando la técnica, algo estaba fallando y no podía entender qué. Sin embargo mi maestro se acercó y nos comentó “ambos tiene un aikido muy opuesto, uno de ustedes tiene un aikido muy fuerte y el otro muy suave; Jairo, tu aikido es muy suave, en cambió el suyo es muy fuerte”, a lo que mi compañero me miró sorprendido diciendo “creí que era al contrario, pensé que mi aikido era suave”.
Realmente en el Aikido, cada técnica es algo que se construye ente dos, en tal sentido, cuando hay una falla en la técnica, cada cual de sus participantes, tanto uke como tori, debe examinarse a sí mismo y hacerse preguntas como ¿dónde está el fallo? Puede que quien presente la dificultad sea el uke en su ataque y forma de recibir la técnica, como en el tori en su ejecución, o tal vez en ambos. Es muy fácil atribuir al compañero una mala ejecución cuando soy uke y decir, “no siento que me desequilibre” mientras me pongo rígido como una tabla y estanco el flujo del ataque. O cuando soy tori y no logro derribar al uke decir “siento mucha resistencia de mi compañero eso hace muy difícil derribarlo, qué mal uke es”.
Así que cuando se habla de sinceridad en el ataque consiste en dejar fluir el trayecto del ataque y acompañar la ejecución con intención de autoprotegerse de la técnica, es decir, evitar ser dañado por la misma, ya que con la técnica supuestamente viene un contraataque, o sea un golpe (recuerde que O’sensei decía que el atemi es el 90% de la técnica). La sinceridad en la ejecución de la técnica también consiste en dejar fluir hasta que el compañero reciba lo que está dispuesto a recibir, bien sea el ukemi, un golpe, una contratécnica  o un simple estancamiento el cual se puede presentar porque, por etiqueta, el aikidoka evita golpear con contundencia al compañero—, pues no tenemos la menor intención de dañarlo, humillarlo o cualquier otro resultado que pueda ocurrir en esos encuentros forzados.
Así que siempre practique con la intensión de aprender, de mejorar en cada entrenamiento, y siempre analizando a detalle cada acierto y cada error que se presente, no busque responsables de los fallos, estudie cada error, corríjalo o pregunte a su instructor sobre la forma correcta o de cómo debe ejecutar la técnica con su compañero cuando está fallando algo en ella. Si usted es el instructor y tiene dificultad, pues permítale al estudiante cuestionarlo y descubran juntos la mejor manera de encontrar la falla y corregirla. No crea que porque usted es instructor, Sensei, maestro o cualquier otro título que ostente lo hace invulnerable o sabio, tal cosa no existe y como instructores somos vulnerables y cometemos muchas fallas en la ejecución de la técnica, después de todo cada técnica es única, y solo en su momento se presenta la situación como tal que demanda ser resuelta en ese momento, o tal vez después de un largo y profundo análisis de las variables que se presentan. Evite hacer suposiciones, sobre todo evite calificar a su compañero, estudiante, maestro o quien sea por una situación fortuita que se presenta durante su interacción con esa persona. 

martes, 30 de octubre de 2018

“Degradación” de las artes marciales


Las artes marciales, como su definición las considera, son artes de guerra concebidas para matar, aniquilar, humillar y vencer al enemigo. Sin embargo, el concepto de budo, que viene de la filosofía oriental, es muy diferente, en el sentido que da la idea de que esta es una disciplina para pacificar, es detener la lanza, es evitar la confrontación, es un concepto más cercano a la negociación, al comercio en tanto que busca la posibilidad de encontrar puntos de acuerdo y soluciones que beneficien a todos los implicados. Sin embargo, las cosas no son bonitas como las pintan, y cada persona da su interpretación a su amaño y su historia personal. Así que los samuráis no eran tan benévolos, leales y corteses como se pintan; tampoco el budo era aplicado tal como su concepción se dibuja, y Japón fue un territorio de guerreros feroces, por lo menos hasta que perdieron la segunda guerra mundial, donde con las dos bombas nucleares le abrieron los ojos y se dieron cuenta que podrían ser aniquilados. Desde entonces la filosofía pacifista se afincó en esas tierras.

Las artes marciales, el bushido pasaron a ser budo, caminos espirituales para mejorarse a sí mismo, para el crecimiento personal. También pasaron a ser deportes competitivos y de formación, con sus etiquetas y reglamentos que restringieron la ferocidad de las técnicas para dar paso a su aplicación pacifica y reduciendo el riesgo de hacer daño a los contendientes de un combate deportivo o a los compañeros de práctica.  De esta transformación, surge la discusión de la concepción de las artes marciales como budo o como deporte. Sobre todo, quienes consideran las artes marciales como budo miran con desdeño a los deportistas, considerando que el deporte resta efectividad y sentido al arte marcial, por engrandecer el ego del competidor, por alentar la competencia por encima de la cooperación, etc. Sin embargo, esto no es tan cierto, después de todo el deporte, tal como se concibe en los olímpicos, promueve los valores sociales y la competencia no es más que un juego. Realmente lo que “degrada” el deporte es que se han vuelto espectáculo de masas donde se enaltece al campeón, se le idolatra desconociendo que todos los competidores han entrenado y esforzado para participar, tanto y quizás más que el campeón, pero que las reglas del juego dictan que solo debe haber un ganador.

Sin embargo, la mayor “degradación” que puede tener un arte marcial es el volverse moda. La moda es lo opuesto a la tradición; la moda es lo novedoso mientras que la tradición es lo viejo, pero, sobre todo, la moda es la forma más visible engrandecer el ego y la vanidad. El fitness, es una forma de convertir en moda las artes marciales tradicionales. En este caso ya los ideales marciales de defensa personal, crecimiento personal, de ser un campeón entre otras se deja de lado, aquí lo que importa es el culto al cuerpo, al “bienestar”. Lucir bellos con cuerpos esculturales es la propuesta, así que ser efectivos en defensa personal o en combate competitivo se dejan a un lado y sus practicantes solo repiten los movimientos sin perfeccionarlos por que lo que importa es “quemar grasa y sacar músculos para dar forma al cuerpo”. Un estudiante mío una vez fue a una práctica de kick boxing de gimnasio y lo primero fue “corregirle” la postura diciéndole que debe sacar la nalga, sacándolo de la postura estable y alineada que le he enseñado. 



Debo aclarar que he puesto la palabra “degradar” entre comillas para resaltar que no existe tal degradación de las artes marciales en tanto que simplemente las cosas cambian. Antiguamente, el combate cuerpo a cuerpo era la única manera de librar una guerra. Los guerreros luchaban en el campo de batalla con las armas que disponían: lanzas, espadas, palos, arcos. Pero la tecnología armamentista ha vuelto obsoleto al arte marcial, de nada le sirvió al japonés saber artes marciales ante dos bombas atómicas, y por supuesto, después de dos siglos de aislamiento que tuvieron se vieron forzados a abrir sus fronteras cuando los europeos llegaron con sus armas avanzadas superando a los samuráis de la época, así que las artes marciales se tuvieron que reinventar en actividades deportivas, disciplinas espirituales entre otras. Hoy día, las artes marciales existen a pulso de sus practicantes, sus maestros que deben idear maneras de sobrevivir, deben encontrar maneras de atraer clientes antes que conseguir alumnos y ofrecer una gran gama de ofertas según el perfil de los clientes que quiere atraer. Los ideales de las personas sobre el arte marcial son muy variados, los estudiantes llegan a un club o dojo con expectativas conscientes o inconscientes que un maestro debe atender y entender. La gran mayoría busca un modo de entretenimiento, distracción para relajarse después del trabajo, también buscan un grupo social con quien compartir intereses comunes. No importa realmente cual es el propósito con que un estudiante llega a un dojo, es posible que se sienta incluido y aceptado y continúe su práctica por años, tal vez lo haga pocos días. Lo cierto es que los clubes ofrecen una gran variedad de propuestas que una persona debería explorar antes de ingresar a uno de ellos.


lunes, 3 de septiembre de 2018

El costo de una Clase de Aikido



Una vez un estudiante me preguntaba si consideraba que me ha robado si asistía a clases sin pagar la mensualidad y luego se retira sin hacer dicho pago. A lo cual respondí: El conocimiento, tanto como la enseñanza son invaluables, ¿cómo podría la mensualidad cubrir tal costo? Cada cuál da a éstas virtudes el valor que considera apropiado desde su propia perspectiva, dependerá del valor que se da a sí mismo, de cuánto considera ha aprendido y cuánto comprende de lo que ha estudiado. Esto son cosas que no se pueden robar. Yo aprendo de cada estudiante, de cada clase, de cada momento que vivo y comparto con otro ser humano, eso no puedo pagarlo con dinero, lo pago con gratitud, procurando brindar mi conocimiento al otro con amor con la esperanza que entienda y aproveche mi aporte. Si cobro una mensualidad no es por la enseñanza, es porque lamentablemente estamos en una sociedad de consumo y debo conseguir dinero para cubrir mis necesidades y las del dojo. Así cuando alguien deja de pagar la mensualidad, realmente le roba a sí mismo, a sus compañeros y a la sociedad, porque con ése acto podría estar dejando fuera de su actividad a un instructor que está dando formación a otros estudiantes, y tal vez sin ese dinero no pueda seguir ejerciendo su oficio, tenga que cerrar las puertas del dojo, y quien sabe que será de su suerte.

viernes, 3 de agosto de 2018

Toda técnica es básica, la efectividad es del momento



Entre las expectativas de quien se inicia en la práctica de un arte marcial como el aikido, esta la inquietud por la efectividad en caso de defensa personal. Ante lo cual, un instructor serio, debe preguntar sobre que considera el estudiante que es la defensa personal, por que habitualmente se confunde con la riña callejera, es decir, muchos estudiantes esperan aprender como pelear en la calle hasta vencer al compañero  (no uso términos como delincuente, contrincante o algo similar en este caso porque considero que cualquier persona en la calle es un compañero de viaje en la vida) noqueándolo o haciéndole mucho daño, tal como se muestra en las películas. Pero ese no puede ser el caso en las artes marciales en la actualidad, donde éstas son consideradas como deportes o, como en el caso del aikido, caminos espirituales para la autosuperación personal.

Debemos ser sinceros al preguntarnos por la efectividad de la técnica en el caso de la defensa personal al considerar que es imposible recrear con exactitud las diferentes variantes que se presentaran en caso de una agresión a la integridad personal. Por eso, las técnicas tienen una ejecución general de la forma que se practica en la clase contra un supuesto ataque, esa ejecución es un kata, una forma de estudio, que lejos de mostrar efectividad se pretende educar el instinto, el cuerpo y la mente para que funcione de manera adecuada; el kata debe mejorar la postura, la respiración y fortalecer el cuerpo. De tal manera que el estudio de la técnica siempre está enmarcada en el kata, la forma básica que con su repetición constante va a evolucionar de la forma burda y tosca a una forma elegante que eventualmente podría ser efectiva a la hora de aplicarla en la defensa personal, pero que como instructores de artes marciales no le podemos garantizar a ningún practicante será realmente efectiva, por eso como reza la frase anónima con que se titula este artículo “toda técnica es básica, la efectividad es del momento”, es decir, solo ante la situación que se presente donde se requiera ser efectivos con la técnica, es posible verificarla, de resto, solo es kata, es técnica básica.

sábado, 17 de febrero de 2018

Autocontrol


Vienen, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y trastornó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas.
Marcos 11; 15.

Entre las habilidades del desarrollo personal que se esperan adquirir con la práctica del Aikido se encuentra el autocontrol, esa capacidad de dominarse a sí mismo, de no dejar que los demás le saquen de quicio o algo parecido. ¿Pero qué significa autocontrol? En el imaginario se puede pensar que alguien tiene autocontrol cuando permanece inalterado por circunstancias adversas, violentas o peligrosas; el miedo o la ira no se manifiestan en su rostro ni comportamiento cuando es agredido o insultado por otra persona.

El autocontrol como “la habilidad de controlar las propias emociones, pensamientos, actos y deseos” en ningún momento indica de quien la ejerce no exprese sus emociones, pensamientos, actos o deseos. Muy por el contrario, quien se domina a sí mismo es alguien que expresa sus sentimientos en el momento y lugar adecuados, es alguien que ejerce la comunicación asertiva, es decir expresa sus pensamientos y emociones en el marco de su propio derecho a defenderse respetando los límites que eso implica, es decir, respetando los derechos de los demás con quien comparte los espacios e intereses comunes.

Por otro lado, el Aikido como arte marcial, enseña a defenderse a sí mismo de posibles agresiones que pueda sufrir la persona. Si bien, conocido como “el arte de la paz”, como un arte que enseña el cooperativismo y colaboración entre los practicantes, no deja de enseñar la aplicación de técnicas que en otros escenarios serian altamente lesivas para la persona que la reciba, es decir, la técnica de Aikido aplicada a una persona que no sabe cómo recibirla es altamente probable que resulte lesionado. En tal caso, uno como aikidoka espera tener el suficiente autocontrol y control de la técnica para reducir al mínimo el posible daño y solo hacer una neutralización de la agresión proveniente de una persona violenta.

También se debe tener claro que los conflictos cotidianos que se presentan normalmente se inician con intercambios verbales. En ese sentido el Aikido propiamente dicho no enseña a responder a insultos o agravios verbales, aunque ahora se habla de Aikido Verbal y toda la filosofía del Aikido se enfoca en la resolución pacífica de los conflictos. Lo cierto es que el Aikido es puramente físico, es la ejecución de técnicas en respuesta a agresiones físicas, a golpes o puñaladas o cortes de espada. La palabra solo ocasiona perturbación psicológica y emotiva; ofende en caso que la persona, en su habilidad de dominarse a sí mismo sea escasa (o tal vez no). En fin, tal vez el entrenamiento no enseña Aikido Verbal, pero si enseña algo fundamental en el dominio de las emociones, el control de la respiración. Las emociones van al ritmo de la respiración, o tal vez al contrario. Lo cierto es que la respiración se altera con la emoción sentida en cada momento. Así pues, el Aikido Verbal es otra enseñanza que puede ir de la mano del entrenamiento de Aikido en tanto que el instructor discuta con sus alumnos y todos lean libros, artículos o páginas web al respecto. Entonces es claro que el mero hecho de entrenar Aikido no hace del aikidoka una persona auto controlada en sí misma, y debe además de entrenar, estudiar, investigar y comprender como extender ese conocimiento a todas las esferas de su vida.

Entonces hemos de considerar que tener autocontrol no necesariamente es alguien que manifiesta total dominio y control de sus pensamientos, sentimientos, actos y deseos. Así como un buen maestro de artes marciales, en su honestidad, no puede garantizar a sus alumnos que con su arte marcial puede efectivamente defenderse en la calle, debido a que el resultado de un desencuentro dependerá de muchos factores que entran en juego al momento de tal hecho, igualmente, el dominio de sí mismo no depende del entrenamiento sino de las circunstancias del momento al que debe enfrentar. Por ejemplo, enfrentarse al tráfico de las ciudades modernas es bastante estresante, es frecuente que por imprudencia propia o de otro conductor ocurran situaciones agresivas verbales y tal vez físicas. En este caso hablaré de mi propia experiencia como ciclista. Medellín no es una ciudad para montar en bicicleta, es tal vez el actor vial más vulnerable incluso que el mismo peatón, ya que por lo menos los peatones cuentan con aceras para transitar, pero el ciclista debe transitar en medio del tránsito pesado de las avenidas, esquivando vehículos de todo tipo.

En mi experiencia como ciclista, solía ignorar a los conductores malhumorados que insultan y vociferan en la calle a los ciclistas por el mero hecho de estar en las vías, o por desencuentros por imprudencias de uno u otro. Sin embargo, esta respuesta considera acertada por muchos estudiosos del Aikido Verbal en muchas ocasiones no era tan buena, uno resultaba perseguido y hasta atropellado por el conductor enfadado. En varias ocasiones me ha tocado subir a la acera y meterme en contravía para huir de tales conductores. Así que he descubierto que a veces es mejor intercambiar algunos insultos con ellos hasta que se fatigan y siguen el camino. Ellos tal vez se sientan aliviados con ese ejercicio y yo me siento seguro de haber evitado una agresión mayor (no he de ocultar que sentía cierto deseo que los tipos intentaran agredirme físicamente para probar mis habilidades merciales). Por eso pongo de cita la situación de Jesús de Nazaret cuando expulsó a los mercaderes del templo. Él es un santo, es Dios para los cristianos, el ser más perfecto que jamás ha existido, sin embargo tuvo su arranque de ira. ¿Estuvo fuera de control? Creo que no, él sabía exactamente lo que hacía. En tal sentido, manifestar y expresar el enfado cuando se siente no es malo ni necesariamente refleja falta de control de sí mismo. En defensa de los derechos propios que cada cual tiene por el mero hecho de existir una persona no debe ocultar sus emociones consideradas negativas. Por supuesto, se deben expresar en el momento correcto en el lugar correcto con la persona correcta, para lograr tal nivel de corrección la persona debe saber exactamente lo que hace.


Así que el autocontrol no se manifiesta en ocultar las emociones, mostrarse siempre con un buen ánimo y sonreír a toda situación adversa, sino en saber lo que se hace y conocer los límites permitidos en el ejercicio de la defensa de la propia persona, de sus derechos y los derechos de los demás con quienes comparte lugares e intereses comunes.


LOS 5 PRINCIPIOS DEL AIKIDO

Presente El Aikido es la verdad enseñada por el Universo que debe regir nuestra vida en la Tierra.   En primer lugar debemos tener ...